martes, 25 de mayo de 2021

Santa María Magdalena de Pazzi, virgen

 

Santa María Magdalena de Pazzi, virgen

 

Fecha: 25 de mayo
fecha en el calendario anterior: 29 de mayo
n.: 1566 - †: 1607 - país: Italia
canonización: 
B: Urbano VIII 8 may 1626 - C: Clemente IX 28 april 1669
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI

Elogio: Santa María Magdalena de Pazzi, virgen de la Orden de Carmelitas, que en la ciudad de Florencia, en la Toscana, llevó una vida de oración abnegadamente escondida en Cristo, rezando con empeño por la reforma de la Iglesia. Distinguida por Dios con muchos dones, dirigió de un modo excelente a sus hermanas hacia la perfección.

Patronazgos: patrona de Florencia y Nápoles.

Oración: Señor Dios, tú que amas la virginidad, has enriquecido con dones celestiales a tu virgen santa María Magdalena de Pazzi, cuyo corazón se abrasaba en tu amor; concede a cuantos celebramos hoy su fiesta imitar los ejemplos de su caridad y su pureza. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén (oración litúrgica).

La familia de Pazzi, emparentada con la familia Médicis que gobernaba Florencia, era una de las más ilustres de la ciudad. Dio al Estado una brillante serie de políticos, gobernantes, militares, y a la Iglesia, una mujer cuya fama supera a la de toda su parentela. El padre de la santa, Camilo Geri, estaba casado con María Buondelmonte, que pertenecía a una familia tan distinguida como la de su esposo. María Magdalena nació en Florencia, en 1556. Su nombre de bautismo era Catalina, en honor de santa Catalina de Siena. Fue extraordinariamente piadosa desde niña, e hizo la primera comunión a los diez años, con gran fervor. Como su padre había sido nombrado gobernador de Cortona, Magdalena se quedó como pensionaría en el convento de San Juan, en Florencia. Ahí pudo entregarse, a su gusto, a las prácticas de devoción, y empezó a familiarizarse con la atmósfera de la vida conventual.

Quince meses después, su padre la llamó a Cortona, con la intención de casarla. Entre los pretendientes había varios personajes destacados; pero la inclinación a la vida religiosa que mostraba la joven era tan fuerte, que sus padres acabaron por darle el permiso de ingresar en el convento. Catalina eligió el de las carmelitas, en Florencia, porque las religiosas comulgaban casi todos los días. La víspera de la fiesta de la Asunción de 1582 ingresó en el convento de Santa María de los Angeles. La única condición que le impuso su padre fue que no hiciese profesión antes de haber experimentado a fondo las dificultades de la vida religiosa. Dos semanas más tarde, su padre la obligó a volver a casa, con la esperanza de hacerla cambiar de parecer. Catalina permaneció firme en su resolución y, tres meses después, volvió al convento con la bendición de sus padres.

El 30 de enero de 1583, tomó el hábito y el nombre de María Magdalena. El sacerdote que se lo impuso, depositó el crucifijo en sus manos con estas palabras: «Líbreme Dios de gloriarme en otra cosa que en la cruz de Jesucristo». El rostro de Magdalena se transfiguró, y su corazón se inflamó en el deseo de sufrir toda su vida con Cristo. Ese deseo no haría más que crecer con los años. Al cabo de un fervoroso noviciado, Magdalena hizo los votos antes que sus compañeras, pues una enfermedad la puso a las puertas de la muerte. Como la santa sufría terriblemente, una religiosa le preguntó cómo podía soportar sus dolores sin una palabra de impaciencia. Magdalena señaló el crucifijo y respondió: «Mirad con qué amor infinito sufrió Cristo para salvarme. Ese amor fortalece mi debilidad y me da valor. Quien piensa en la Pasión de Cristo y ofrece sus dolores a Dios, encuentra dulce el sufrimiento». Cuando la transportaban de nuevo a la enfermería después de haber hecho los votos, Magdalena fue arrebatada en éxtasis durante más de una hora. En los siguientes cuarenta días, tuvo intensas consolaciones espirituales y fue objeto de gracias extraordinarias. Los especialistas en la vida espiritual hacen notar que Dios suele consolar a las almas escogidas después del primer momento en que se entregan completamente a Él, a fin de prepararlas para las pruebas que les esperan, y las somete a la cruz de las tribulaciones interiores para acabar con todo rastro de egoísmo, darles un perfecto conocimiento de sí mismas y convertirlas plenamente al amor. Esto se comprueba una vez más en el caso de Magdalena de Pazzi, a cuyos transportes de gozo espiritual siguió un período de amarga desolación. Dios colmó así el deseo de la santa de sufrir por Jesucristo.

Temiendo ofender a Dios con el deseo de compartir la vida de las profesas, Magdalena pidió a sus superioras que le permitiesen continuar en el noviciado otros dos años, después de haber hecho los votos. Al cabo de ese período, fue nombrada subdirectora del pensionado y, tres años más tarde, instructora de las religiosas jóvenes. Por aquella época sufría intensas pruebas interiores. Constantemente se veía asaltada por tentaciones de gula y de impureza, a pesar de que ayunaba a pan y agua toda la semana, excepto los domingos. Para vencer esas tentaciones, castigaba su cuerpo con crueles disciplinas e imploraba constantemente el auxilio del Salvador y de la Virgen Santísima. Vivía en un estado de oscuridad interior en el que sólo percibía sus propias debilidades y los defectos de las personas y objetos que la rodeaban. Al cabo de cinco años de desolación y sequedad espiritual, Dios le devolvió la paz y le hizo sentir intensamente su presencia. En 1590, durante el canto del Te Deum en maitines, Magdalena fue arrebatada en éxtasis; cuando se rehizo, dio un apretón de manos a la superiora y a la maestra de novicias, diciéndoles: «Alegraos conmigo, pues el invierno ha pasado. Ayudadme a dar gracias a Dios». Desde entonces, Dios manifestó su gracia en la santa religiosa.

Magdalena poseía el don de leer el pensamiento y prever el futuro. Así, por ejemplo, predijo a Alejandro de Médicis que un día sería Papa. En otra ocasión, le advirtió que su pontificado sería muy breve; en efecto, sólo duró veintiséis días. La santa se apareció, en vida, a muchas personas ausentes y curó a numerosos enfermos. Con el tiempo, los éxtasis se hicieron más y más frecuentes; en algunos casos, Magdalena podía continuar su tarea, pero en otros entraba en un estado de rigidez próximo a la catalepsia. Por las palabras que pronunciaba, los circunstantes comprendían que participaba de un modo especial en la Pasión de Cristo, o que conversaba con Dios y los espíritus celestiales. Tan edificantes eran esos coloquios, que sus hermanas solían apuntarlos y los reunieron en un libro, después de la muerte de la santa. Magdalena parecía gozar de una unión con Dios sin interrupción; acostumbraba exhortar a todas las criaturas a glorificar al Creador y ansiaba que todos los hombres le amasen como ella. Con frecuencia exclamaba: «El Amor no es amado. Las criaturas no conocen a su Creador. ¡Oh, Jesús! Si tuviese yo una voz suficientemente poderosa para hacerme oír en todo el mundo, gritaría para dar a conocer tu amor, para lograr que todos los hombres amasen y honrasen ese bien inmenso».

En 1604, santa Magdalena tuvo que guardar cama: sufría de violentos dolores de cabeza, había perdido el uso de los miembros y el más leve contacto constituía una verdadera tortura. A esto se añadía una aguda desolación espiritual. Pero, cuanto mayores eran los sufrimientos, mayor el deseo de la santa de participar en la Pasión de Cristo. «¡Señor -repetía-, quiero sufrir sin morir! ¡Déjame que viva para que sufra más!» Cuando sus oraciones no eran escuchadas, se regocijaba de que se hiciese la voluntad de Dios y no la suya. Cuando sintió acercarse su última hora, se despidió de sus hermanas con estas palabras: «Reverenda madre y queridas hermanas: pronto voy a dejaros. Lo último que os pido, en el nombre de Jesucristo, es que le améis a Él solo, que confiéis plenamente en Él y que os alentéis mutuamente a cada instante a sufrir por Él y amarle». La santa fue a recibir el premio celestial el 25 de mayo de 1607, a los cuarenta y un años de edad. Su cuerpo se conserva todavía incorrupto en el santuario contiguo al convento de Florencia en el que pasó su vida. Fue canonizada en 1669.

En Acta Sanctorum, mayo, vol. VI, hay una traducción latina de las dos primeras biografías de santa María Magdalena de Pazzi. La primera fue publicada en 1611 por Vicente Puccini, que fue su confesor en sus últimos años. La parte narrativa es relativamente corta; pero hay unas 700 páginas de extractos de los escritos y cartas de santa Magdalena. El P. Cepari, que había sido también confesor suyo, escribió una biografía; pero no la publicó para no ofender al P. Puccini. Dicha biografía vio la luz en 1669, con algunas adiciones, tomadas del proceso de canonización. Esas dos biografías, las cartas de la santa y los relatos, cinco volúmenes de notas tomadas por las religiosas durante los éxtasis de Magdalena, constituyen las principales fuentes. Maurice Vaussard editó, en 1945, una nueva selección de pensamientos de la santa, con el título de Extases et Lettres; al mismo autor se debe la biografía de la colección Les Saints. La biografía francesa escrita por la vizcondesa de Beausire-Seyssel (1913) es muy completa. Véase el estudio del P. E. E. Larkin sobre Los éxtasis de los cuarenta días de Santa María M. de Pazzi, en Carmelus, vol. I (1954), pp. 29-71.

fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI

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lunes, 24 de mayo de 2021

Jesucristo Sumo y Eterno Sacerdote

 

 

JESUCRISTO SUMO Y ETERNO SACERDOTE

 

Fuente:https://www.dominicaslerma.es/monasterio/20-oracion/comentarios-a-la-palabra-de-dios/2085-jesucristo-sumo-y-eterno-sacerdote-2.html


Is. 52,13-53,12

13 He aquí que prosperará mi Siervo, será enaltecido, levantado y ensalzado sobremanera.

14 Así como se asombraron de él muchos - pues tan desfigurado tenía el aspecto que no parecía hombre, ni su apariencia era humana -

15 otro tanto se admirarán muchas naciones; ante él cerrarán los reyes la boca, pues lo que nunca se les contó verán, y lo que nunca oyeron reconocerán.

1 ¿Quién dio crédito a nuestra noticia? Y el brazo de Yahveh ¿a quién se le reveló?

2 Creció como un retoño delante de él, como raíz de tierra árida. No tenía apariencia ni presencia; (le vimos) y no tenía aspecto que pudiésemos estimar.

3 Despreciable y desecho de hombres, varón de dolores y sabedor de dolencias, como uno ante quien se oculta el rostro, despreciable, y no le tuvimos en cuenta.

4 ¡Y con todo eran nuestras dolencias las que él llevaba y nuestros dolores los que soportaba! Nosotros le tuvimos por azotado, herido de Dios y humillado.

5 Él ha sido herido por nuestras rebeldías, molido por nuestras culpas. El soportó el castigo que nos trae la paz, y con sus cardenales hemos sido curados.

6 Todos nosotros como ovejas erramos, cada uno marchó por su camino, y Yahveh descargó sobre él la culpa de todos nosotros.

7 Fue oprimido, y él se humilló y no abrió la boca. Como un cordero al degüello era llevado, y como oveja que ante los que la trasquilan está muda, tampoco él abrió la boca.

8 Tras arresto y juicio fue arrebatado, y de sus contemporáneos, ¿quién se preocupa? Fue arrancado de la tierra de los vivos; por las rebeldías de su pueblo ha sido herido;

9 y se puso su sepultura entre los malvados y con los ricos su tumba, por más que no hizo atropello ni hubo engaño en su boca.

10 Mas plugo a Yahveh quebrantarle con dolencias. Si se da a sí mismo en expiación, verá descendencia, alargará sus días, y lo que plazca a Yahveh se cumplirá por su mano.

11 Por las fatigas de su alma, verá luz, se saciará. Por su conocimiento justificará mi Siervo a muchos y las culpas de ellos él soportará.

12 Por eso le daré su parte entre los grandes y con poderosos repartirá despojos, ya que indefenso se entregó a la muerte y con los rebeldes fue contado, cuando él llevó el pecado de muchos, e intercedió por los rebeldes.

-    Este canto “Cuarto poema del varón de dolores” prosigue con el tema del sufrimiento (Sal 22).

(v. 13-15) -    Las persecuciones que el Siervo padecerá, con gran paciencia (53,7), son un escándalo para los espectadores (52,14-15; 53,2-3.7-9) pero en realidad son una intercesión y una expiación por los pecados. Estos vv. subrayan el estado de abatimiento a que se ve reducido el Servidor y al mismo tiempo muestra cómo este abatimiento es precisamente la condición para la salvación de las naciones. Allí donde ni siquiera se reconoce a un hombre, se podrá ver un gesto inaudito de Dios.

-    El canto parece un dialogo: Yahvé pronuncia un oráculo (V13-15), los reyes o los pueblos toman luego la palabra (53,1-10) para describir los sufrimientos del Siervo y acaso excusarse de no haber entendido el sentido; finalmente, Dios proclama una conclusión a favor de su Siervo (53,11-12).

(v. 53, 1-6)   - Aquí habla la comunidad y anuncia el destino de este Siervo, revelación nueva y casi increíble. Pero a la sorpresa e incomprensión primeras (V3.4.6-8) les sustituirá una mejor comprensión: esos sufrimientos no tienen otro fin que la salvación de la multitud (V11-12).

- En (Is. 11,1-10) las imágenes del vástago y de la raíz acompañaban al anuncio alegre del Mesías davídico. Aquí sólo evocan el aspecto humilde y miserable del Siervo (Sal 22,7-8) (Mt 8,17) (I Pe 2,24).

(v. 7)        -    Probablemente Juan el Bautista alude a este V combinado con el V4, cuando presenta a Jesús como “cordero de Dios que quita el pecado del mundo” (Jn 1,29). Se ha observado que en arameo el mismo término TALYA´ designa al cordero y al Siervo. Es imposible que el Precursor empleara intencionadamente este término, pero el evangelista al escribir en griego, tuvo que elegir.

(v. 8)        -    “De sus contemporáneos”. La palabra hebrea significa “generación” en cuanto periodo de una vida y por extensión los que viven durante ese periodo. “Ha sido herido”, “un golpe”.

(v. 9)        -    “Su tumba”, “en su muerte” BEMÔTAW. La predicación cristiana vio aquí un anuncio del sepulcro de José de Arimatea “hombre rico” (Mt 27,57-60). El texto no deja de ser difícil de interpretar (I Pe 2,22).

(v. 11)     -    “Verá luz”. Es Yahvé el que toma la palabra para explicar el misterio del sufrimiento del “siervo justo”: no sufre por sus propias faltas, sino que queda abrumado por los crímenes de la multitud e intercede por ella (Rm 3,26)                                   

Lc. 22,14-20

14 Cuando llegó la hora, se puso a la mesa con los apóstoles;

15 y les dijo: « Con ansia he deseado comer esta Pascua con vosotros antes de padecer;

16 porque os digo que ya no la comeré más hasta que halle su cumplimiento en el Reino de Dios. »

17 Y recibiendo una copa, dadas las gracias, dijo: « Tomad esto y repartidlo entre vosotros;

18 porque os digo que, a partir de este momento, no beberé del producto de la vid hasta que llegue el Reino de Dios. »

19 Tomó luego pan, y, dadas las gracias, lo partió y se lo dio diciendo: Este es mi cuerpo que es entregado por vosotros; haced esto en recuerdo mío. »

20 De igual modo, después de cenar, la copa, diciendo: « Esta copa es la Nueva Alianza en mi sangre, que es derramada por vosotros.

-    La Iglesia primitiva celebró con regularidad la Cena del Señor (I Cor. 11, 20) (I Cor. 11, 23; Act. 2, 42-46). Fue voluntad de Jesús que así se celebrara. 1º) “Tomó” el pan como quien preside la comida, el padre de familia; 2º) “pronunció la bendición” sobre el pan = acción de gracias por los dones de Dios; 3º) “partió el pan”. Los panes ázimos eran discos planos grandes y correosos que para partir y distribuir había que romper o desgarrar. El comerlo suponía tener parte en la bendición dada. 4º) “Y lo dio”: acción comunitaria; 5º) “Tomad”. No debió comer Jesús el primero, ni lo comió. “Y dijo: ésto es mi Cuerpo”. El Cuerpo de Jesús que es entregado a la muerte para la salvación de los discípulos (I Cor. 10, 16). Entre la comida del pan eucarístico y la bebida de la copa, se consumía el cordero. La copa pasaba de mano en mano y era por lo mismo un cáliz de comunión. “Les da el cáliz” y él tampoco bebe porque su sangre es para los discípulos. La nueva alianza es sellada con su Sangre que “va a ser derramada” como sacrificio en la Cruz. (Is. 53, 12). Por “los muchos”, es decir por todos. El v. 25 tiene proyección escatológica: su muerte está al servicio de la venida del Reino de Dios, un Reino distinto del terreno-histórico.


San Felipe Neri, presbítero y fundador

 


 San Felipe Neri, presbítero y fundador


Fecha: 26 de mayo

n.: 1515 - †: 1595 - país: Italia

Canonización: B: Pablo V 11 may 1615 - C: Gregorio XV 12 mar 1622

Hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI

Elogio: Memoria de san Felipe Neri, presbítero, que, consagrándose a la labor de salvar a los jóvenes del maligno, fundó el Oratorio en Roma, en el cual se practicaban constantemente las lecturas espirituales, el canto y las obras de caridad. Resplandeció por el amor al prójimo, la sencillez evangélica, su espíritu de alegría, el sumo celo y el servicio ferviente a Dios.

Patronazgos: patrono de Roma, de los humoristas, de las unidades especiales del Ejército de EEUU, protector contra la infertilidad de las mujeres, las dolencias en los miembros y los terremotos.

Refieren a este santo: San Alejandro Sauli, San Camilo de Lelis, San Carlos Borromeo, Santa Catalina de Ricci, San Félix de Cantalicio, Beato Juan Juvenal Ancina, San Juan Leonardi

Oración: Señor Dios, que no cesas de enaltecer a tus siervos con la gloria de la santidad, concédenos que el Espíritu Santo nos encienda con aquel mismo fuego con que abrasó el corazón de san Felipe Neri. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén (oración litúrgica).

San Felipe Neri nació en Florencia, en 1515. Era uno de los cuatro hijos del notario Francisco Neri. Felipe y sus hermanos perdieron a su madre muy pronto; pero la segunda esposa de su padre fue para ellos una verdadera madre. Felipe se distinguió, desde niño, por su docilidad y su bondad, lo cual le mereció el apodo de «Pippo buono» («Felipillo el bueno»).

Los primeros maestros de Felipe fueron los dominicos de San Marcos, cuyo ejemplo y enseñanzas se le quedaron grabados para toda la vida. Felipe se convirtió en un joven piadoso, simpático y muy alegre, a quien todos querían. A los dieciocho años, fue enviado a San Germano a casa de un pariente próspero, del que el joven podía llegar a ser el heredero. Pero su estancia ahí no fue muy prolongada, ya que al poco tiempo tuvo Felipe la experiencia mística que él llamaría, más tarde, su «conversión» y, desde ese momento, dejaron de interesarle los negocios. Como no se hallaba a gusto en casa de su pariente, partió a Roma, sin dinero y sin ningún proyecto, confiado únicamente en la Providencia.

En la Ciudad Eterna se hospedó en la casa de un aduanero florentino llamado Galeotto Caccia, quien le cedió una buhardilla y lo necesario para comer. Por lo demás, Felipe no necesitaba gran cosa, ya que sólo se alimentaba una vez al día y su dieta se reducía a pan, aceitunas y agua. En su habitación no había más que la cama, una silla, unos cuantos libros y una cuerda para colgar la ropa. Felipe pagaba la comida y la renta de la habitación por medio de clases a los hijos de su huésped, los cuales -según el testimonio de su propia madre y de una tía- se portaban como ángeles bajo la dirección del santo.

Fuera del tiempo que consagraba a la enseñanza, Felipe vivió como un anacoreta, los dos primeros años que pasó en Roma, entregado día y noche a la oración en su buhardilla. Fue ese un período de preparación interior, en el que se fortaleció su vida espiritual y se confirmó en su deseo de servir a Dios. Al cabo de esos dos años, Felipe hizo sus estudios de filosofía y teología en la Sapienza y en Sant'Agostino. Pero, tres años después, cuando el tesón y el éxito con que había trabajado abrían ante él una brillante carrera, abandonó súbitamente los estudios. Movido probablemente por una inspiración divina, vendió la mayor parte de sus libros y se consagró al apostolado. La vida religiosa del pueblo de Roma, que se resentía aún por los efectos del saqueo de 1527, dejaba mucho que desear. Por otra parte, no faltaban motivos para ello. Los más graves abusos abundaban en la Iglesia; todo el mundo lo reconocía, pero nadie hacía nada por remediarlo. En el Colegio cardenalicio gobernaban los Medici, de suerte que casi todos los cardenales eran más bien príncipes seculares que eclesiásticos.

El renacimiento de los estudios clásicos había sustituido los ideales cristianos por los paganos, con el consiguiente debilitamiento de la fe y descenso del nivel moral. El clero había caído en la indiferencia, cuando no en la corrupción; la mayoría de los sacerdotes no celebraba la misa sino rara vez, dejaba tranquilamente arruinarse las iglesias y se desentendía del cuidado espiritual de los fieles. Nada tiene, pues, de extraño que el pueblo hubiese caído en una especie de paganismo. La obra de San Felipe habría de consistir en reevangelizar la ciudad de Roma y lo hizo con tal éxito, que un día se le llamaría «el Apóstol de Roma».

Los comienzos fueron modestos. Felipe iba a la calle o al mercado y empezaba a conversar con las gentes, particularmente con los empleados de los bancos y las tiendas del barrio de Sant'Angelo. Como era muy simpático y tenía un buen sentido del humor, no le costaba trabajo entablar conversación, en el curso de la cual dejaba caer alguna palabra oportuna acerca del amor de Dios o del estado espiritual de sus interlocutores. Así fue logrando, poco a poco, que numerosas personas cambiasen de vida. El santo acostumbraba saludar a sus amigos con estas palabras: «Y bien, hermanos, ¿cuándo vamos a empezar a ser mejores?» Si éstos le preguntaban qué debían hacer para mejorar, el santo los llevaba consigo a cuidar a los enfermos de los hospitales y a visitar las siete iglesias, que era una de su devociones favoritas. Felipe consagraba el día entero al apostolado; pero al atardecer, se retiraba a la soledad y, con frecuencia, pasaba la noche en el pórtico de alguna iglesia, o en las catacumbas de San Sebastián, junto a la Vía Appia. Se hallaba ahí, precisamente, la víspera de Pentecostés de 1544, pidiendo los dones del Espíritu Santo, cuando vio venir del cielo un globo de fuego que penetró en su boca y se dilató en su pecho. El santo se sintió poseído por un amor de Dios tan enorme, que parecía ahogarle; cayó al suelo, como derribado y exclamó con acento de dolor: «¡Basta, Señor, basta! ¡No puedo soportarlo más!» Cuando recuperó plenamente la conciencia, descubrió que tenía en el pecho un tumor grande como un puño; pero jamás-le causó dolor alguno. A partir de entonces, san Felipe experimentaba tales accesos de amor de Dios, que todo su cuerpo se estremecía. A menudo tenía que descubrirse el pecho para aliviar un poco el ardor que lo consumía; y rogaba a Dios que mitigase sus consuelos para no morir de gozo. La autopsia del cadáver del santo reveló que tenía dos costillas rotas y que éstas se habían arqueado para dejar más sitio al corazón.

En 1558, con la ayuda del P. Persiano Rossa, su confesor, que vivía en San Girolamo della Carita, San Felipe fundó una cofradía de pobres, que se reunían para los ejercicios espirituales en la iglesia de San Salvatore in Campo. Dicha cofradía, que se encargaba de socorrer a los peregrinos necesitados, ayudó a San Felipe a difundir la devoción de las cuarenta horas. Dios bendijo el trabajo de la cofradía, que pronto fundó el célebre hospital de Santa Trinita dei Pellegrini; en el año jubilar de 1575, los miembros de la cofradía atendieron ahí a 145.000 peregrinos y se encargaron, más tarde, de cuidar a los pobres durante la convalescencia. Así pues, a los treinta y cuatro años de edad, san Felipe había hecho ya grandes cosas; pero su confesor estaba persuadido de que las haría todavía mayores, si recibía la ordenación sacerdotal. Aunque el santo se resistía a ello, por humildad, acabó por seguir el consejo de su confesor. El 23 de mayo de 1551, recibió las órdenes sagradas y se fue a vivir con el P. Rossa y otros sacerdotes, a San Girolamo della Carita. A partir de ese momento, ejerció el apostolado sobre todo en el confesionario, en el que se sentaba desde la madrugada hasta mediodía, algunas veces hasta las horas de la tarde, para atender a una multitud de penitentes de toda edad y condición social. El santo tenía el poder de leer el pensamiento de sus penitentes y logró numerosas conversiones. Para ayudar a sus penitentes, organizaba conversaciones y discusiones espirituales, que terminaban con una visita al Santísimo Sacramento en alguna iglesia, o con la asistencia a las Vísperas. En dichas reuniones se leían, con frecuencia, las vidas de los mártires y de los misioneros. El ejemplo de la vida y muerte heroicas de san Francisco Javier movió a san Felipe a ofrecerse como voluntario para las misiones; pero un cisterciense, con quien consultó el asunto, le aseguró que Dios le quería de misionero en Roma, y el santo se atuvo a su consejo.

La más documentada y profunda de las biografías de San Felipe es la de los PP. Louis Poncelle y Louis Bourdet, St Philip Neri and the Román Society of his times (traducción inglesa del P. Kerr, 1932). El primer capítulo de dicha obra está consagrado a las fuentes. La primera biografía fue la del P. Gallonio (oratoriano), quien escribió en latín (1600); en Acta Sanctorum, mayo, vol. VI, puede verse dicha biografía. El esbozo biográfico del P. V. J. Matthews (1934) es excelente. Véase también la biografía publicada por A. Baudrillart en la colección les Saints (1939). N.ETF: En 1984 se hizo una película de hagiografía popular sobre el santo llamada «State buoni... se potete» que, aunque no es fácil de conseguir, vale la pena; está muy bien captado el buen humor del santo; pero téngase presente que no es una reconstrucción histórica de la vida de san Felipe Neri. Goethe le dedicó un capítulo entero en su famoso «Viaje por Italia» («Italienische Reise», 1816/7): «Felipe Neri, el santo humorista».

Imágenes: Retrato del santo de 1593, por Federico Zuccari y dibujo a lápiz por Pedro Rubens (1577 - 1640).

 

Estas biografías de santo son propiedad de El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una fuente, esta ha sido tratada sólo como fuente, es decir que el sitio no copia completa y servilmente nada, sino que siempre se corrige y adapta. Por favor, al citar esta hagiografía, referirla con el nombre del sitio (El Testigo Fiel) y el siguiente enlace: https://www.eltestigofiel.org/index.php?idu=sn_1769