lunes, 29 de marzo de 2021

El Papa convoca el Año especial de la familia

 

 

El Papa convoca el Año especial de la familia

 

El Papa Francisco convoca el Año especial dedicado a la familia, que se inaugurará el 19 de marzo de 2021, quinto aniversario de la publicación de la Exhortación Apostólica Amoris Laetitia. Precisamente a partir de la celebración de este aniversario, el Santo Padre ofrecerá a la Iglesia la oportunidad de reflexionar y profundizar en el riquísimo contenido de la Exhortación Apostólica, fruto de un intenso camino sinodal, que aún continúa a nivel pastoral.

 

La iniciativa, que lleva el nombre de Año «Familia Amoris Laetitia» (www.amorislaetitia.va) y que estará marcada por propuestas e instrumentos pastorales que se pondrán a disposición de las realidades eclesiales y de las familias, concluirá con la celebración del X Encuentro Mundial de las Familias en Roma, en junio de 2022.

 

Descargar información del proyecto en PDF

 

Año de la «Familia Amoris Laetitia»

El año de la «Familia Amoris Laetitia» es una iniciativa del Papa Francisco que se propone llegar a todas las familias del mundo a través de propuestas espirituales, pastorales y culturales que se podrán llevar a cabo en las parroquias, diócesis, universidades, movimientos eclesiales y asociaciones familiares. El objetivo es ofrecer a la Iglesia oportunidades de reflexión y profundización para vivir concretamente la riqueza de la exhortación apostólica Amoris Laetitia.

La experiencia de la pandemia ha puesto de relieve el papel central de la familia como Iglesia doméstica y la importancia de los lazos comunitarios entre las familias, que hacen de la Iglesia una «familia de familias» (AL 87).

Esta merece un año de celebraciones para que sea puesta en el centro del compromiso y del cuidado de cada realidad pastoral y eclesial.

 

Los objetivos

•      Difundir el contenido de la exhortación apostólica Amoris Laetitia, para hacer experimentar que el Evangelio de la familia es alegría que «llena el corazón y la vida entera» (AL 200).

•      Anunciar que el sacramento del matrimonio es un don y tiene en sí mismo una fuerza transformadora del amor humano. Para ello es necesario que los pastores y las familias caminen juntos en una corresponsabilidad y complementariedad pastoral entre las diferentes vocaciones en la Iglesia (Cf. AL 203).

•      Hacer a las familias protagonistas de la pastoral familia. Para ello se requiere «un esfuerzo evangelizador y catequístico dirigido a la familia» (AL 200), ya que una familia discípula se convierte también en una familia misionera.

•      Concienciar a los jóvenes de la importancia de la formación en la verdad del amor y el don de sí mismos, con iniciativas dedicadas a ellos.

•      Ampliar la mirada y la acción de la pastoral familiar para que se convierta en transversal, para incluir a los esposos, a los niños, a los jóvenes, a las personas mayores y las situaciones de fragilidad familiar.

 

Iniciativas y recursos

Aquí se describen algunas de las iniciativas. La invitación, dirigida a todas las   comunidades,   es   a   participar, y a  convertirse   en   protagonistas con otras propuestas a  implementar en la propia Iglesia local (diócesis, parroquias, comunidades eclesiales).

•      Fórum « ¿Dónde estamos con Amoris Laetitia? Estrategias para la aplicación de la exhortación apostólica   del   Papa   Francisco», del 9 al 12 de junio de 2021, con los responsables de las delegaciones de pastoral familiar de las conferencias episcopales, movimientos y asociaciones familiares internacionales.

•      Proyecto «10 Videos Amoris Laetitia»: el Santo Padre explicará los capítulos de la exhortación apostólica, junto con las familias que darán testimonio de algunos aspectos de su  vida  cotidiana.  Cada mes  se difundirá un vídeo para despertar el  interés  pastoral  por  la   familia en las diócesis y parroquias de todo el mundo.

•      # lamChurch : difusión de algunos videos testimoniales sobre el protagonismo eclesial y la fe de las personas con discapacidad.

•      «En camino con las familias»: 72 propuestas pastorales concretas para caminar con las familias inspirándose en Amoris Laetitia. Con vistas al X Encuentro Mundial de las Familias en Roma 2022, se invitan a las diócesis y a las familias de todo el mundo a difundir y profundizar las catequesis que serán distribuidas por  la  diócesis  de  Roma  y a comprometerse con iniciativas pastorales en este sentido.

 

En camino con las familias

Itinerarios con las familias para poner en práctica Amoris Laetitia

1.    Reforzar la pastoral de preparación al matrimonio con nuevos itinerarios catecumenales a nivel de diócesis y parroquias (cf. AL 205-222) para ofrecer una preparación remota, próxima e inmediata al matrimonio y un acompañamiento de las parejas en los primeros años de matrimonio. Un compromiso confiado de manera especial a los matrimonios que, junto con los pastores, se convierten en compañeros de viaje de los prometidos y de las parejas de recién casados.

2.    Potenciar la pastoral de acompañamiento de los matrimonios con encuentros de profundización y momentos de espiritualidad y oración dedicados a ellos para adquirir conciencia del don y de la gracia del sacramento nupcial {cf. AL 58 ss. y 223-230).

3.    Organizar encuentros para los padres sobre la educación de sus hijos y sobre los desafíos más actuales (cf. AL172 ss. y 259-290). Respondiendo a las indicaciones del Papa Francisco a los padres para tratar de comprender «dónde están sus hijos en su camino» (cf. AL 261).

4.    Promover encuentros de reflexión e intercambio sobre la belleza y las dificultades de la vida familiar (cf. AL 32 ss. y 89 ss.), para impulsar el reconocimiento del valor social de la familia, y la realización de una red de pastores y familias capaces de hacerse cercanos en las situaciones de dificultad a través del anuncio, el compartir y el testimonio.

5.    Intensificar el acompañamiento de las parejas en crisis (cf. AL 232 ss.) para sostener y formar en una actitud resiliente que les lleve a ver las dificultades como oportunidades, para crecer en el amor y hacerse más fuertes.

6.    Insertar a los matrimonios en las estructuras diocesanas y parroquiales para potenciar la pastoral familiar (cf. AL 86-88) y la formación de los agentes de pastoral, de los seminaristas y sacerdotes para que estén a la altura de los desafíos actuales (cf. AL 202 ss.) y colaboren con las familias. Para ello será importante hacer funcionar la reciprocidad entre la «familia-Iglesia doméstica» y la Iglesia {AL 200), para que se descubran y valoren como un don insustituible la una para la otra.

7.    Promover en las familias su natural vocación misionera (cf. AL 201, 230 y 324) creando momentos de formación para la evangelización e iniciativas misioneras (p. ej. con ocasión de la formación para los sacramentos de los hijos, matrimonios, aniversarios o momentos litúrgicos importantes).

8.    Desarrollar una pastoral de las personas mayores (cf. AL 191-193) que tenga como objetivo superar la cultura del descarte y la indiferencia y promover propuestas transversales en relación con las diferentes edades de la vida, haciendo que las personas mayores sean también protagonistas de la pastoral comunitaria.

9.    Involucrar a la pastoral juvenil con iniciativas para reflexionar y confrontarse con temas sobre la familia, el matrimonio, la castidad, la apertura a la vida, el uso de los medios de comunicación social, la pobreza, el respeto por la creación (cf. AL 40). Es necesario poder despertar el entusiasmo y mejorar la capacidad de los jóvenes para comprometerse plenamente con los grandes ideales y los desafíos que éstos implican. Este año se debe prestar especial atención a los niños para que conozcan el Año de la «Familia Amoris Laetitia» y las iniciativas propuestas.

10.  Promover la preparación del X Encuentro Mundial de las Familias con las catequesis y caminos formativos que, a través de diversas etapas y experiencias, acompañen a las familias hacia el Encuentro con el Santo Padre.

11.  Lanzar   iniciativas de acompañamiento y discernimiento para las familias heridas (cf. AL 50 ss., 241 ss. y 291 ss.). para ayudarlas a descubrir y poner en práctica la misión que tienen en su familia y en su comunidad, a partir del Bautismo.

12.  Organizar grupos en las parroquias y comunidades para reuniones de profundización sobre «Amoris Laetitia», con el fin de sensibilizar sobre las oportunidades pastorales concretas que se presentan en las distintas comunidades eclesiales (cf. AL 199 ss.).




sábado, 27 de marzo de 2021

Misa Crismal



 

Misa Crismal 


Este año 2021 tendrá lugar el 31 de marzo, miércoles Santo

 

A A las puertas de la celebración del Misterio Pascual de Jesucristo, la Iglesia regala a los Pastores, y en general a todo el Pueblo santo de Dios, un momento precioso, la Misa Crismal, llamada así porque en ella se consagra el Santo Crisma, además, se bendecirán los óleos de los catecúmenos y de los enfermos.

El Sr. Obispo nos recuerda en la carta dirigida con este motivo a los sacerdotes, personas consagradas y a todos los fieles laicos que “el Señor nos regala un día propicio para experimentar la hermosura del sacerdocio del que nos hace partícipes y de la grandeza de ser Iglesia. Unidos en la caridad, viviremos una verdadera fiesta diocesana en la comunión eclesial del presbiterio y de las comunidades cristianas en torno al Obispo.

Un momento significativo de la celebración será después de la homilía, cuando los sacerdotes renueven su consagración a Cristo y a su Iglesia. De este modo, manifestarán públicamente su voluntad de permanecer fieles a la misión que el Señor les ha encomendado, sirviendo con generosidad a sus hermanos.”

El prelado de la diócesis, recuerda también a todos los párrocos que el Viernes Santo se ha de realizar la Colecta a favor de los Santos Lugares. Las comunidades cristianas de Tierra Santa sufren carencias materiales, discriminaciones de todo tipo, y hasta persecución. Si queremos asegurar su supervivencia allí, debemos ser generosos en la oración y en la limosna.

 

¿Para qué se celebra?

Con el Crisma consagrado son ungidos los nuevos bautizados y son signados los que reciben la confirmación. Con el óleo de los catecúmenos se preparan y disponen para el bautismo los mismos catecúmenos. Con el óleo de los enfermos, éstos son aliviados de sus enfermedades.

 

¿Cuándo se celebra?

Ordinariamente esta misa se celebra en la catedral de cada diócesis el Jueves Santo; pero, por razones de conveniencia pastoral, se puede adelantar a uno de los días de la Semana Santa. Haberla fijado el Jueves Santo no se debe al hecho de que ese sea el día de la institución de la eucaristía, sino por una razón práctica: poder disponer de los santos óleos, sobre todo del óleo de los catecúmenos y del Santo Crisma, para la celebración de los sacramentos de la iniciación cristiana durante la Vigilia Pascual. 


¿Qué efectos tienen?
Óleo de los catecúmenos: se extiende el efecto de lo exorcismo, se habla de fortaleza en la lucha de la vida cristiana, a la que los catecúmenos se preparan al recibir el bautismo.

La oración de bendición dice: Bendice este óleo y concede tu fortaleza a los catecúmenos que han de ser ungidos con él, para que al aumentar en ellos el  conocimiento y de las realidades divinas yla valentía en el combate de la fe, vivan más hondamente el evangelio de Cristo, y emprendan animosos la tarea cristiana.

Óleo de los enfermos: Confiere a los enfermos, como atestigua la carta de Santiago el remedio de la enfermedad, para que sean aliviados físicamente y les sea restituida la salud. En la bendición de la Misa Crismal se dice: Bendice este óleo para que cuantos sean ungidos con él sientan en cuerpo y alma tu divina protección y experimenten alivio en sus enfermedades y dolores.


LA MISA DE HOY

Mensaje del Papa el 2 de Abril del 2015

El Papa ha pedido a los sacerdotes que tengan «olor a oveja y sonrisa de padres», que eviten la «cara de vinagre» además de no ser «pastores aburridos» o que se quejen, durante la Misa Crismal en la que todos los sacerdotes renuevan las promesas sacerdotales de pobreza, castidad y obediencia.

Durante la misa de Jueves Santo en la basílica del Vaticano, el Papa ha reflexionado sobre el «cansancio de los sacerdotes«. «¿Sabéis cuántas veces pienso en esto: en el cansancio de todos vosotros? Pienso mucho y ruego a menudo, especialmente cuando el cansado soy yo», ha observado.

Con esta ceremonia que marca para los católicos el inicio del Triduo Pasqual que conmemora la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo, el Papa ha alertado de varios tipos de cansancio sobre los que ha meditado. Como »el cansancio de la gente, de las multitudes», que para el Pontífice «es cansancio del bueno, cansancio lleno de frutos y de alegría» que no sucede a los sacerdotes que se esconden «en una oficina» o van por la ciudad «en un coche con los cristales tintados».

«Es el cansancio del sacerdote con olor a oveja…, pero con sonrisa de papá que contempla a sus hijos o a sus nietos pequeños», ha razonado.

Después ha reflexionado sobre »el cansancio de los enemigos». «No sólo se trata de hacer el bien, con toda la fatiga que conlleva, sino que hay que defender al rebaño y defenderse uno mismo contra el mal», ha explicado.

En este sentido les ha dicho que pidan la gracia de «aprender a neutralizar el mal» que, a su juicio, no consiste en «arrancar la cizaña» o «pretender defender como superhombres lo que sólo el Señor tiene que defender». Así, Francisco ha concluido que esto «ayuda a no bajar los brazos ante la espesura de la iniquidad, ante la burla de los malvados».

Ha alertado por último a los sacerdotes del »cansancio de uno mismo», que ha definido como el más «peligroso» de los tres. En este sentido ha explicado que se trata de «la desilusión de uno mismo» o el «coqueteo con la mundanidad espiritual». «Aquí sí puede haber cansancio malo», ha advertido. «Sólo el amor descansa. Lo que no se ama cansa y, a la larga, cansa mal«, ha subrayado.

En este sentido ha dicho que la «clave de la fecundidad sacerdotal» está en el modo en el que se descansa al tiempo que les ha recordado que también ellos son «ovejas» que necesitan un pastor. Además ha reconocido que la tarea de los sacerdotes implica la «capacidad de compasión» porque se viven muchas «emociones» y «afecto» que «fatigan el corazón».

 

REFLEXIÓN SOBRE EL MODO DE DESCANSAR

Finalmente, el Pontífice ha planteado varias preguntas a los sacerdotes para que piensen en la manera en que descansan. «¿Sé descansa recibiendo el amor, la gratitud y todo el cariño que me da el pueblo fiel de Dios? O, tras el trabajo pastoral, ¿busco descansos más refinados, no los de los pobres sino los que ofrece el mundo del consumo? ¿El Espíritu Santo es verdaderamente para mí »descanso en el trabajo» o sólo aquel que me da trabajo? ¿Sé pedir ayuda a algún sacerdote sabio? ¿Sé descansar de mí mismo, de mi auto-exigencia, de mi auto-complacencia, de mi auto-referencialidad?», se ha cuestionado

«¿Sé conversar con Jesús, con el Padre, con la Virgen y San José, con mis santos protectores amigos para reposarme en sus exigencias –que son suaves y ligeras–, en sus complacencias –a ellos les agrada estar en mi compañía–, en sus intereses y referencias –a ellos sólo les interesa la mayor gloria de Dios–? ¿Sé descansar de mis enemigos bajo la protección del Señor? ¿Argumento y maquino yo sólo, rumiando una y otra vez mi defensa, o me confío al Espíritu que me enseña lo que tengo que decir en cada ocasión? ¿Me preocupo y me angustio excesivamente o, como Pablo, encuentro descanso diciendo: Sé en Quién me he confiado (2 Tm 1,12)?», ha proseguido.

Durante la solemne misa el Papa ha bendecido los óleos usados para ungir a los que se bautizan, a los que se confirman y para la ordenación sacerdotal.

 

viernes, 26 de marzo de 2021

MENSAJE DEL PAPA SOBRE LA CUARESMA 2021

 

 

MENSAJE DEL PAPA SOBRE LA CUARESMA 2021

 

«Mirad, estamos subiendo a Jerusalén…» (Mt 20,18). Cuaresma: un tiempo para renovar la fe, la esperanza y la caridad.

 

Queridos hermanos y hermanas:

Cuando Jesús anuncia a sus discípulos su pasión, muerte y resurrección, para cumplir con la voluntad del Padre, les revela el sentido profundo de su misión y los exhorta a asociarse a ella, para la salvación del mundo.

Recorriendo el camino cuaresmal, que nos conducirá a las celebraciones pascuales, recordemos a Aquel que «se humilló a sí mismo, hecho obediente hasta la muerte, y una muerte de cruz» (Flp 2,8). En este tiempo de conversión renovemos nuestra fe, saciemos nuestra sed con el “agua viva” de la esperanza y recibamos con el corazón abierto el amor de Dios que nos convierte en hermanos y hermanas en Cristo. En la noche de Pascua renovaremos las promesas de nuestro Bautismo, para renacer como hombres y mujeres nuevos, gracias a la obra del Espíritu Santo. Sin embargo, el itinerario de la Cuaresma, al igual que todo el camino cristiano, ya está bajo la luz de la Resurrección, que anima los sentimientos, las actitudes y las decisiones de quien desea seguir a Cristo.

El ayuno, la oración y la limosna, tal como los presenta Jesús en su predicación (cf. Mt 6,1-18), son las condiciones y la expresión de nuestra conversión. La vía de la pobreza y de la privación (el ayuno), la mirada y los gestos de amor hacia el hombre herido (la limosna) y el diálogo filial con el Padre (la oración) nos permiten encarnar una fe sincera, una esperanza viva y una caridad operante.

 

La fe nos llama a acoger la Verdad y a ser testigos, ante Dios y ante nuestros hermanos y hermanas

En este tiempo de Cuaresma, acoger y vivir la Verdad que se manifestó en Cristo significa ante todo dejarse alcanzar por la Palabra de Dios, que la Iglesia nos transmite de generación en generación. Esta Verdad no es una construcción del intelecto, destinada a pocas mentes elegidas, superiores o ilustres, sino que es un mensaje que recibimos y podemos comprender gracias a la inteligencia del corazón, abierto a la grandeza de Dios que nos ama antes de que nosotros mismos seamos conscientes de ello. Esta Verdad es Cristo mismo que, asumiendo plenamente nuestra humanidad, se hizo Camino —exigente pero abierto a todos— que lleva a la plenitud de la Vida.

 

El ayuno vivido como experiencia de privación, para quienes lo viven con sencillez de corazón lleva a descubrir de nuevo el don de Dios y a comprender nuestra realidad de criaturas que, a su imagen y semejanza, encuentran en Él su cumplimiento. Haciendo la experiencia de una pobreza aceptada, quien ayuna se hace pobre con los pobres y “acumula” la riqueza del amor recibido y compartido. Así entendido y puesto en práctica, el ayuno contribuye a amar a Dios y al prójimo en cuanto, como nos enseña santo Tomás de Aquino, el amor es un movimiento que centra la atención en el otro considerándolo como uno consigo mismo (cf. Carta enc. Fratelli tutti, 93).

 

La Cuaresma es un tiempo para creer, es decir, para recibir a Dios en nuestra vida y permitirle “poner su morada” en nosotros (cf. Jn 14,23). Ayunar significa liberar nuestra existencia de todo lo que estorba, incluso de la saturación de informaciones —verdaderas o falsas— y productos de consumo, para abrir las puertas de nuestro corazón a Aquel que viene a nosotros pobre de todo, pero «lleno de gracia y de verdad» (Jn 1,14): el Hijo de Dios Salvador.

 

La esperanza como “agua viva” que nos permite continuar nuestro camino  

La samaritana, a quien Jesús pide que le dé de beber junto al pozo, no comprende cuando Él le dice que podría ofrecerle un «agua viva» (Jn 4,10). Al principio, naturalmente, ella piensa en el agua material, mientras que Jesús se refiere al Espíritu Santo, aquel que Él dará en abundancia en el Misterio pascual y que infunde en nosotros la esperanza que no defrauda. Al anunciar su pasión y muerte Jesús ya anuncia la esperanza, cuando dice: «Y al tercer día resucitará» (Mt 20,19). Jesús nos habla del futuro que la misericordia del Padre ha abierto de par en par. Esperar con Él y gracias a Él quiere decir creer que la historia no termina con nuestros errores, nuestras violencias e injusticias, ni con el pecado que crucifica al Amor. Significa saciarnos del perdón del Padre en su Corazón abierto.

En el actual contexto de preocupación en el que vivimos y en el que todo parece frágil e incierto, hablar de esperanza podría parecer una provocación. El tiempo de Cuaresma está hecho para esperar, para volver a dirigir la mirada a la paciencia de Dios, que sigue cuidando de su Creación, mientras que nosotros a menudo la maltratamos (cf. Carta enc. Laudato si’3233;4344). Es esperanza en la reconciliación, a la que san Pablo nos exhorta con pasión: «Os pedimos que os reconciliéis con Dios» (2 Co 5,20). Al recibir el perdón, en el Sacramento que está en el corazón de nuestro proceso de conversión, también nosotros nos convertimos en difusores del perdón: al haberlo acogido nosotros, podemos ofrecerlo, siendo capaces de vivir un diálogo atento y adoptando un comportamiento que conforte a quien se encuentra herido. El perdón de Dios, también mediante nuestras palabras y gestos, permite vivir una Pascua de fraternidad.

En la Cuaresma, estemos más atentos a «decir palabras de aliento, que reconfortan, que fortalecen, que consuelan, que estimulan», en lugar de «palabras que humillan, que entristecen, que irritan, que desprecian» (Carta enc. Fratelli tutti [FT], 223). A veces, para dar esperanza, es suficiente con ser «una persona amable, que deja a un lado sus ansiedades y urgencias para prestar atención, para regalar una sonrisa, para decir una palabra que estimule, para posibilitar un espacio de escucha en medio de tanta indiferencia» (ibíd., 224).

En el recogimiento y el silencio de la oración, se nos da la esperanza como inspiración y luz interior, que ilumina los desafíos y las decisiones de nuestra misión: por esto es fundamental recogerse en oración (cf. Mt 6,6) y encontrar, en la intimidad, al Padre de la ternura.

Vivir una Cuaresma con esperanza significa sentir que, en Jesucristo, somos testigos del tiempo nuevo, en el que Dios “hace nuevas todas las cosas” (cf. Ap 21,1-6). Significa recibir la esperanza de Cristo que entrega su vida en la cruz y que Dios resucita al tercer día, “dispuestos siempre para dar explicación a todo el que nos pida una razón de nuestra esperanza” (cf. 1 P 3,15).


La caridad, vivida tras las huellas de Cristo, mostrando atención y compasión por cada persona, es la expresión más alta de nuestra fe y nuestra esperanza.

La caridad se alegra de ver que el otro crece. Por este motivo, sufre cuando el otro está angustiado: solo, enfermo, sin hogar, despreciado, en situación de necesidad… La caridad es el impulso del corazón que nos hace salir de nosotros mismos y que suscita el vínculo de la cooperación y de la comunión.

«A partir del “amor social” es posible avanzar hacia una civilización del amor a la que todos podamos sentirnos convocados. La caridad, con su dinamismo universal, puede construir un mundo nuevo, porque no es un sentimiento estéril, sino la mejor manera de lograr caminos eficaces de desarrollo para todos» (FT, 183).

La caridad es don que da sentido a nuestra vida y gracias a este consideramos a quien se ve privado de lo necesario como un miembro de nuestra familia, amigo, hermano. Lo poco que tenemos, si lo compartimos con amor, no se acaba nunca, sino que se transforma en una reserva de vida y de felicidad. Así sucedió con la harina y el aceite de la viuda de Sarepta, que dio el pan al profeta Elías (cf. 1 R 17,7-16); y con los panes que Jesús bendijo, partió y dio a los discípulos para que los distribuyeran entre la gente (cf. Mc 6,30-44). Así sucede con nuestra limosna, ya sea grande o pequeña, si la damos con gozo y sencillez.

Vivir una Cuaresma de caridad quiere decir cuidar a quienes se encuentran en condiciones de sufrimiento, abandono o angustia a causa de la pandemia de COVID-19. En un contexto tan incierto sobre el futuro, recordemos la palabra que Dios dirige a su Siervo: «No temas, que te he redimido» (Is 43,1), ofrezcamos con nuestra caridad una palabra de confianza, para que el otro sienta que Dios lo ama como a un hijo.

«Sólo con una mirada cuyo horizonte esté transformado por la caridad, que le lleva a percibir la dignidad del otro, los pobres son descubiertos y valorados en su inmensa dignidad, respetados en su estilo propio y en su cultura y, por lo tanto, verdaderamente integrados en la sociedad» (FT, 187).

Queridos hermanos y hermanas: Cada etapa de la vida es un tiempo para creer, esperar y amar. Este llamado a vivir la Cuaresma como camino de conversión y oración, y para compartir nuestros bienes, nos ayuda a reconsiderar, en nuestra memoria comunitaria y personal, la fe que viene de Cristo vivo, la esperanza animada por el soplo del Espíritu y el amor, cuya fuente inagotable es el corazón misericordioso del Padre.

Que María, Madre del Salvador, fiel al pie de la cruz y en el corazón de la Iglesia, nos sostenga con su presencia solícita, y la bendición de Cristo resucitado nos acompañe en el camino hacia la luz pascual. 

Roma, San Juan de Letrán, 11 de noviembre de 2020, memoria de san Martín de Tours.

Fuente: https://www.conferenciaepiscopal.es/

 

martes, 23 de marzo de 2021

Domingo de Ramos

 

Domingo de Ramos

El Domingo de Ramos es una celebración cristiana que conmemora la entrada triunfal de Jesús en la ciudad de Jerusalén, cuando una multitud de habitantes lo recibió como el Mesías e hijo de Dios.

Este hecho se considera como el inicio de la Semana Santa.

La celebración es de carácter móvil por lo que cada año cambia de fecha, pudiendo ocurrir entre los últimos días de marzo y los primeros días del mes de abril.

En el siguiente recuadro te señalamos las fechas del Domingo de Ramos para los siguientes cinco años:


Número de Semana              fecha                año

Semana 14 del año 2020   Domingo 5 abril       2020

Semana 12 del año 2021   Domingo 28 marzo  2021

Semana 14 del año 2022   Domingo 10 abril     2022

Semana 13 del año 2023   Domingo 2 abril       2023

Semana 12 del año 2024   Domingo 24 marzo   2024

Semana 15 del año 2025   Domingo 13 abril     2025

 

Origen del Domingo de Ramos

Entrada de Jesús en Jerusalén, fresco realizado entre 1304 y 1306 por Giotto di Bondone en el que se narra visualmente el relato de la llegada de Jesús según el Evangelio de San Marcos.


Según la narración del Evangelio del Nuevo Testamento, Jesucristo entró de manera triunfal a Jerusalén. La cronología de los eventos es narrada por San Mateo, donde describe que la gente alfombraba con sus mantos, el camino por el que transitaba Jesús y al mismo tiempo le aclamaban:

“¡Viva el hijo de Dios!

¡Bendito el que viene en nombre del señor Dios!

¡Viva el Dios altísimo!


San Mateo 21, 1-11

Para este día los fieles devotos de la tradición cristiana suelen llevar en sus manos ramos de palma y de olivos u otros árboles, al compás de cantos y oraciones de alabanzas que dan la bienvenida a la Semana Santa cristiana.

Estos ramos y olivos se bendicen antes de realizar las procesiones. En muchas casas las personas suelen colgar algunos de estos ramos en diferentes lugares de sus hogares, en señal de recibir las bendiciones para sus casas y familias, pues el día representa simbólicamente la aceptación de Jesús como hijo de Dios y como salvador.


Acontecimientos del Domingo de Ramos

Según los Evangelios del Nuevo Testamento, específicamente el Evangelio de Juan 11:17-37, Jesús, antes de entrar triunfalmente a Jerusalén, se detuvo en Betania donde resucitó a Lázaro y luego de ello, se dirigió al pueblo de Betfagé.


Jesús llega a Betfagé

Al llegar Betfagé, que se encontraba junto al llamado monte de los Olivos, Jesús envió a dos de sus apóstoles a buscar en el pueblo siguiente, a una burra que se encontraba atada junto a un burrito joven para la que viniesen a llevar y así cumplir los escritos del profeta, donde se anunciaba la venida del Rey montado en un burrito joven.


Jesús es alabado

Al cumplir el mandato de Jesús, los profetas llevaron ante el Mesías a la burra y al burrito joven, sobre ellos fueron puestos varios mantos encima y Jesús pudo así montar cómodamente al más joven.

La multitud que estaba alrededor de Jesús puso sus mantos en el suelo extendiéndolos por el camino por donde Jesús pasaba.

Muchos de ellos cortaron ramas de árboles poniéndolas como alfombras en el camino por donde el Mesías pasaba, al mismo tiempo le cantaban alabanzas, y la gente que no le conocía preguntaba por él, siendo nombrado como Jesús el profeta de Nazaret.


¿Qué significa el Domingo de Ramos?


El Domingo de Ramos significa la aceptación de Jesús como el Mesías e hijo de Dios. Este día se considera oficialmente el inicio de la Semana Santa.

Es el momento de la Semana Santa donde se proclama a Jesús como el hijo de Dios y nuestro salvador, es una forma de aceptar su obra santa en la humanidad y es además, la renovación de la fe en Dios.

La liturgia para este día está representada por el color rojo en evocación de la pasión vivida por el señor antes de su sacrificio por la humanidad.

¿Cómo se celebra el Domingo de Ramos en Colombia?

Durante el Domingo de Ramos en la región de Popayán se realiza la procesión tradicional que ya es parte de la cultura popular.

En este distrito, la procesión del Domingo de Ramos se instauró aproximadamente desde el siglo XVI. Todas las procesiones realizadas durante la Semana Santa fueron consideradas por la UNESCO como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad en septiembre del año 2009.

En Bogotá y en otras regiones del país, los creyentes asisten a las misas de bendición de las palmas que se hacen desde principios de la colonia.

Durante la misa respectiva también se lee el relato de la Pasión de Cristo y se le cantan alabanzas a Dios en honor a su venida simbólica.

También es costumbre el adornar con ramos y palmas de cera, las capillas exteriores de las iglesias distribuidas a lo largo de nuestro territorio.

Los fieles suelen colocar ramas y palmas en los portales de sus casas para que sean bendecidos y además, se adornan igualmente las calles y lugares concurridos por donde pasará la procesión.

lunes, 22 de marzo de 2021

Santo Toribio de Mogrovejo, obispo

 

 

Santo Toribio de Mogrovejo, obispo

 


Fecha: 23 de marzo

n.: 1538 - †: 1606 - país: Perú

Otras formas del nombre: Toribio Alfonso

Canonización: B: Inocencio XI 1679 - C: Benedicto XIII 1726

Hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI

 

Elogio: Santo Toribio de Mogrovejo, obispo de Lima, en Perú. Laico de origen español y licenciado en leyes, fue elegido para esta sede y se dirigió a América, donde, inflamado en celo apostólico, visitó a pie varias veces la extensa diócesis, proveyó a la grey a él encomendada, fustigó en sínodos los abusos y los escándalos en el clero, defendió con valentía a la Iglesia y catequizó y convirtió a los pueblos nativos, hasta que finalmente, en la población de Saña, descansó en el Señor.

 

Patronazgos: patrono de Perú, de Lima y del episcopado latinoamericano.

Refieren a este santo: San Francisco Solano, Santa Rosa de Lima

 

Oración: Señor, tú que has querido acrecentar la Iglesia mediante los trabajos apostólicos y el celo por la verdad de tu obispo santo Toribio, concede al pueblo a ti consagrado crecer constantemente en fe y en santidad. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén. (oración litúrgica).

 

Toribio Alfonso de Mogrovejo nació el 18 de noviembre de 1538 en Mayorga, provincia de León, España. Desde la infancia se sintió inclinado a la piedad y le tuvo horror al pecado; en vez de los juegos, encontraba placer en adornar los altares y servir a los pobres. Devotísimo de la Santísima Virgen, rezaba a diario su oficio, el Rosario y ayunaba todos los sábados. Más de una vez fue necesario moderar sus mortificaciones; durante sus estudios en Valladolid y Salamanca, daba un buena parte de sus alimentos a los pobres.

 

Muy pronto, el rey Felipe II tuvo oportunidad de conocer los méritos del joven estudiante y le confió puestos importantes, al grado de llegar a nombrarle presidente del Tribunal de la Inquisición en Granada, a pesar de que sólo era un laico. Tras de haber desempeñado su oficio durante cinco años, satisfactoriamente para todos, Toribio fue elegido para ocupar la sede arzobispal de Lima, capital del Perú. Una serie de escándalos impedía la conversión de los infieles en aquel país de América y, en la corte española se consideraba que Toribio era el único hombre capaz de poner remedio a los excesos. Pero éste recibió la noticia de su elección como la de un suceso funesto: consternado y bañado el rostro en lágrimas, se echó a los pies del crucifijo; escribió en seguida al Consejo del Rey una extensa carta en la que declaraba su incapacidad y recordaba los cánones de la Iglesia que prohibían elevar a un laico al episcopado. Aquel acto de humildad fue para Toribio una fuente de gracias. Sus razones no fueron aceptadas y tuvo que consentir en su elección.

 

Toribio se preparó entonces a su ordenación; solicitó recibir las cuatro órdenes menores en otros tantos domingos, para tener el tiempo de cumplir con sus funciones; después recibió las demás órdenes, fue consagrado obispo y se embarcó sin demoras para el Perú. Llegó en 1581, cuando acababa de cumplir cuarenta y dos años. La diócesis de Lima tenía ciento veinte kilómetros de extensión a lo largo de las costas; aparte de varias poblaciones, comprendía una multitud de aldeas dispersas por la cordillera de los Andes. Los conquistadores se habían conducido como verdaderos tiranos con respecto a los indios y, tras la conquista, se desataron las guerras civiles y las disensiones internas; las costumbres habían caído en una condición deplorable y, en vez de reaccionar, los clérigos contribuían con su conducta a aumentar los escándalos. El santo arzobispo no pudo contener las lágrimas al constatar todos aquellos desórdenes y se propuso recurrir a todas las medidas necesarias para remediarlos. Sus primeros mandatos, enérgicos y prudentes, lograron detener el curso de los escándalos públicos en Lima, y así el arzobispo pudo emprender la visita de su diócesis, a lo cual consagró siete años. Es imposible dar una idea precisa sobre los peligros que debió afrontar, las fatigas y penurias que debió soportar; tuvo que escalar altísimas montañas escarpadas, cubiertas de hielo o de nieve, para llegar hasta las chozas miserables de los pobres indios. A menudo, tenía que hacer sus viajes a pie; pero aún así oraba y ayunaba sin cesar para asegurar los frutos de sus trabajos apostólicos. Por todas partes colocó a pastores sabios y celosos, fue el azote de los pecadores públicos y el protector de los oprimidos, sin cuidarse de la calidad, dignidad o poder de las personas a las que había necesidad de reprimir. Medidas tan enérgicas le atrajeron persecuciones; le malquistaron con los gobernantes del Perú, que todo lo sacrificaban a sus placeres y sus intereses; pero Toribio hizo frente a sus enemigos con su paciencia y su dulzura, sin abandonar por ello su firmeza contra el mal. Muchos de los poderosos, para excusar ciertos abusos, alegaban que esa era la costumbre; pero su argumentación era vana, porque Toribio les respondía invariablemente, como Tertuliano, que Jesucristo se llamaba verdad y no costumbre y que, en el tribunal de Dios, nuestras acciones serán pesadas en la justísima balanza del Santo de los Santos.

 

A fin de que se extendiera y perpetuara su obra, Toribio decidió realizar sínodos diocesanos cada dos años y sínodos provinciales cada siete. Fundó seminarios, iglesias y hospitales. Cuando la peste atacó una parte de su diócesis, se privó aun de lo más necesario para socorrer a las víctimas de la epidemia y recomendó la penitencia como el único medio de aplacar la indignación del cielo. En aquella ocasión organizó procesiones públicas a las que él mismo asistía como un penitente más, con los ojos llenos de lágrimas, fijos en un Santo Cristo que portaba en alto, mientras ofrecía su propia vida a Dios por la conservación de su rebaño. Sus plegarias, sus ayunos, sus extraordinarias vigilias duraron el tiempo que la peste.

 

Afrontaba los mayores peligros, si con ello lograba proporcionar a un alma el menor beneficio; hubiese dado la vida con gusto por cualquiera de sus diocesanos. Cuando se enteraba de que algunos pobres indios, para escapar a la barbarie de sus opresores, vagaban por las montañas o en los desiertos, iba hacia ellos a través de espantosas soledades en las que no había más que bestias feroces, para llevarles socorros y palabras de consuelo. Por tres veces hizo la visita a su diócesis: el segundo recorrido duró cinco años y el tercero un poco menos: el fruto de estos trabajos fue la conversión de un enorme número de indios. Cuando iba de camino, empleaba su tiempo en la plegaria; al llegar a cualquier sitio, su primer cuidado era el de ir a la iglesia. A veces permanecía varios días en un lugar donde había necesidad de instruir a los indios, a pesar de que casi siempre faltaba ahí hasta lo indispensable para vivir. Predicaba y catequizaba con un celo infatigable y, con el fin de desempeñar esa tarea con mayor eficacia, se propuso aprender las diferentes lenguas y dialectos que hablaban las tribus. También tuvo Toribio la gloria de renovar a la Iglesia en el Perú, porque si bien no fue el primer apóstol en las nuevas tierras, a él se debe el restablecimiento de la devoción, casi extinta. Los decretos elaborados en los concilios provinciales realizados durante su episcopado quedarán para siempre como auténticos monumentos de su piedad, de su sabiduría y de su prudencia; se les ha considerado como oráculos, no sólo en el Nuevo Mundo, sino en Europa y hasta en la misma Roma. Incluso se ha comparado su obra a la de san Carlos Borromeo en Italia.

 

El prelado, tan celoso por la salvación de su prójimo, no descuidaba nada para su propia santificación; se confesaba por lo general cada mañana y a diario celebraba la misa con una piedad angelical. La gloria de Dios era el fin de todas sus palabras y de todos sus actos, de manera que su vida era una continua plegaria. Sin embargo, tenía señaladas sus horas para los santos ejercicios; y en esos momentos, un resplandor externo caía sobre su rostro. Por humildad, ocultaba con extremo cuidado sus mortificaciones y sus otras buenas obras; su caridad hacia los pobres era ilimitada; su generosidad comprendía a todos, sin distinción, pero dedicaba especial atención a los pobres vergonzantes.

 

El arzobispo Toribio cayó enfermo en Santa, una villa situada a 440 kilómetros de Lima. Por entonces, acababa de iniciar una visita más a su diócesis. Inmediatamente vaticinó su muerte próxima y prometió una recompensa al primero que llegara a anunciarle que los médicos no tenían esperanza de salvarlo. A sus auxiliares y servidores les dio todo lo que empleaba en su uso personal; el resto de sus bienes lo legó a los pobres. Pidió que lo llevaran cargado a la iglesia para recibir el viático, pero antes de llegar los portadores consideraron prudente devolverlo al lecho y ahí se le administró la extremaunción. Durante su agonía repitió constantemente las palabras de San Pablo: «Deseo despojarme de los lazos de mi cuerpo para estar unido a Jesucristo». Rogó a los presentes que se acercaran al lecho para entonar las frases del salmo, «Estoy lleno de júbilo por lo que se me ha dicho: ¡Iremos a la casa del Señor!». El 23 de Marzo de 1606, murió mientras pronunciaba las palabras del rey profeta: «Señor: pongo mi alma entre Tus manos».

 

El año siguiente al de la muerte del santo arzobispo Toribio, se trasladó su cuerpo de Santa a Lima: aún estaba incorrupto. El autor de su biografía y las actas de su canonización informan que resucitó a un muerto y dejó sanos a numerosos enfermos. También después de su muerte obró muchos milagros. Fue beatificado en 1679 por Inocencio XI y canonizado en 1726 por Benedicto XIII. En 1983 Juan Pablo II lo proclamó Patrono del Episcopado latinoamericano.

 

Véanse las actas de beatificación y canonización de San Toribio. Cipriano de Herrera, «Vida de San Toribio», dedicada al papa Clemente X.

 

fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI

accedido 13882 veces

ingreso o última modificación relevante: ant 2012

 

Estas biografías de santo son propiedad de El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una fuente, esta ha sido tratada sólo como fuente, es decir que el sitio no copia completa y servilmente nada, sino que siempre se corrige y adapta. Por favor, al citar esta hagiografía, referirla con el nombre del sitio (El Testigo Fiel) y el siguiente enlace: https://www.eltestigofiel.org/index.php?idu=sn_970