martes, 22 de febrero de 2022

San Pedro Damiani, Obispo y doctor de la Iglesia

 

 

San Pedro Damiani,

Obispo y doctor de la Iglesia

 

Fecha: 21 de febrero

Fecha en el calendario anterior: 23 de febrero,

Canonización: Conf. Culto: León XII 1828

 n.: c. 1007 - †: 1072 - país: Italia

Hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI

 

Elogio: Memoria de san Pedro Damiani, cardenal obispo de Ostia y doctor de la Iglesia. Habiendo entrado en el eremo de Fonte Avellana, promovió denodadamente la vida religiosa, y en los tiempos difíciles de la reforma de la Iglesia, trabajó para que los monjes se dedicasen a la santidad de la contemplación, los clérigos a la integridad de vida, y para que el pueblo cristiano mantuviese la comunión con la Sede Apostólica. Falleció el día veintidós de febrero en la ciudad de Favencia, de la Romagna.

 

Patronazgos: protector contra dolores de cabeza.

Refieren a este santo: Santo Domingo Loricato, San Gregorio VII, San Hugo de Cluny, San León IX, San Romualdo, Beato Urbano II


Oración: Dios todopoderoso, concédenos seguir con fidelidad los consejos y ejemplos de san Pedro Damiani, obispo, para que, amando a Cristo sobre todas las cosas, y dedicados siempre al servicio de tu Iglesia, merezcamos llegar a los gozos eternos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén. (oración litúrgica).


San Pedro Damiani es una de esas figuras severas que, como san Juan Bautista, surgen en las épocas de relajamiento para apartar a los hombres del error y traerles de nuevo al estrecho sendero de la virtud. Pedro Damiani nació en Ravena. Habiendo perdido a sus padres cuando era muy niño, quedó al cuidado de un hermano suyo, quien le trató como si fuera un esclavo. Para empezar, le mandó a cuidar los puercos en cuanto pudo andar. Otro de sus hermanos, que era arcipreste de Ravena, se compadeció de él y decidió encargarse de su educación. Viéndose tratado como un hijo, Pedro tomó de su hermano el nombre de Damiani (es decir «de Damián»). Éste le mandó a la escuela, primero a Faenza y después a Parma. Pedro fue un buen discípulo y, más tarde, un magnífico maestro. Desde joven se había acostumbrado a la oración, la vigilia y el ayuno. Llevaba debajo de la ropa una camisa de cerdas (cilicio) para defenderse de los atractivos del placer y de los ataques del demonio. Hacía grandes limosnas, invitaba frecuentemente a los pobres a su mesa y les servía con sus propias manos.

Algún tiempo después, Pedro decidió abandonar enteramente el mundo y abrazar la vida monacal en otra región. Un día en que se hallaba reflexionando sobre su proyecto, se presentaron en su casa dos benedictinos de la reforma de san Romualdo, que pertenecían al convento de Fonte Avellana. Pedro les hizo muchas preguntas sobre su regla y modo de vida. Sus respuestas le dejaron satisfecho, e ingresó en esa comunidad de ermitaños, que gozaba entonces de gran reputación. Los ermitaños habitaban en celdas separadas, consagraban la mayor parte del tiempo a la oración y lectura espiritual, y vivían con gran austeridad. Las vigilas excesivas hicieron que Pedro enfermase de insomnio; la curación fue larga, pero esto le enseñó a ser más prudente. Aleccionado por esa experiencia, se dedicó con mayor ahínco a los estudios sagrados, y llegó a ser tan versado en la Sagrada Escritura, como antes lo había sido en las ciencias profanas. Los ermitaños le eligieron unánimemente para suceder al abad cuando éste muriese; como Pedro se resistiera a aceptar, el propio abad se lo impuso por obediencia. Así pues, a la muerte del abad, hacia el año 1043, Pedro tomó la dirección de la comunidad, a la que gobernó con gran prudencia y piedad. Igualmente fundó otras cinco comunidades de ermitaños, al frente de las cuales puso a otros tantos priores bajo su propia dirección. Su principal cuidado era fomentar entre los monjes el espíritu de retiro, caridad y humildad. Muchos de los ermitaños llegaron a ser lumbreras de la Iglesia; entre otros, santo Domingo Loricato y san Juan de Lodi, quien sucedió a san Pedro en la dirección del convento de la Santa Cruz, escribió su biografía y fue más tarde obispo de Gubio. Varios papas emplearon a san Pedro Damiani en el servicio de la Iglesia: Esteban IX le nombró, en 1057, cardenal y obispo de Ostia, a pesar del rechazo del santo. Pedro rogó muchas veces al papa Nicolás II que le permitiese renunciar al gobierno de la diócesis y volver a su vida de ermitaño, pero el Sumo Pontífice se negó a ello. Alejandro II, que amaba mucho al santo, accedió finalmente a sus súplicas, pero se reservó el poder de emplearle en el servicio de la Iglesia, en caso de necesidad. San Pedro Damiani se consideró desde ese momento libre, no sólo del gobierno de su diócesis, sino también de la supervisión de las diversas comunidades, y volvió al convento como simple monje.

En ese retiro edificó a la Iglesia con su humildad, penitencia y compunción; con sus escritos ayudó a mantener la observancia de la moral y de la disciplina. Su estilo es vehemente, y todas sus obras llevan la huella de su espíritu estricto, particularmente cuando se trata de los deberes de los clérigos y monjes. El santo reprendió severamente al obispo de Florencia por haber jugado una partida de ajedrez; el prelado reconoció humildemente que san Pedro Damiani tenía razón, recibió la reprimenda con gran humildad, y aceptó como penitencia recitar tres veces el salterio, lavar los pies a doce pobres y darles una moneda de limosna. El santo escribió un tratado al obispo de Besançon, en el que atacaba la costumbre que tenían los canónigos de esa diócesis de cantar sentados el oficio divino. San Pedro Damiani recomendaba el uso de la disciplina más que los ayunos prolongados. Escribió cosas muy severas sobre las obligaciones de los monjes y protestó contra la costumbre de las peregrinaciones, pues consideraba que el retiro era la condición esencial del estado monacal. Como decía, con razón: «Es imposible restaurar la disciplina una vez que ésta decae; si nosotros, por negligencia, dejamos caer en desuso las reglas, las generaciones futuras no podrán volver a la primitiva observancia. Guardémonos de incurrir en semejante culpa y transmitamos fielmente a nuestros sucesores el legado de nuestros predecesores». El santo combatió con gran vigor la simonía y predicó el celibato eclesiástico. Como quería que los monjes llevaran una severa vida ascética y semi-eremítica, así pedía que el clero diocesano viviese en comunidad. Su carácter vehemente se manifestaba en todos sus actos y palabras. Se ha dicho de él que «su genio consistía en exhortar y mover al heroísmo, en predicar acciones extraordinarias y recordar ejemplos conmovedores...; en sus escritos arde el fuego de una extraordinaria fuerza moral».

A pesar de su severidad, san Pedro Damiani sabía tratar a los pecadores con bondad e indulgencia, cuando la caridad y la prudencia lo pedían. Enrique IV de Alemania se había casado con Berta, la hija de Otón, marqués de las Marcas de Italia; pero dos años más tarde, había pedido el divorcio, alegando que el matrimonio no había sido consumado. Con promesas y amenazas logró ganar para su causa al arzobispo de Mainz, quien convocó un concilio para anular el matrimonio; pero el papa Alejandro II le prohibió cometer semejante injusticia y envió a san Pedro Damiani a presidir el sínodo. El anciano legado se reunió en Frankfurt con el rey y los obispos, les leyó las órdenes e instrucciones de la Santa Sede y exhortó al rey a guardar la ley de Dios, los cánones de la Iglesia y su propia reputación y también, a reflexionar sobre el escándalo y el mal ejemplo que daría, si no se sometiera. Los nobles se unieron al santo para rogar al joven monarca que no manchase su honor. Ante tal oposición, Enrique tuvo que renunciar a su proyecto de divorcio, aunque interiormente no cambió de actitud y concibió un odio todavía más profundo por su esposa.

Pedro retornó, en cuanto pudo, a su retiro de Fonte Avellana. Practicó todas las austeridades que predicaba a otros hasta el fin de su vida. En los ratos en que no se hallaba absorto en la oración o el trabajo, acostumbraba hacer cucharas de madera y otros utensilios, para no estar ocioso. El papa Alejandro II envió a san Pedro Damiani a arreglar el asunto del arzobispo de Ravena, que había sido excomulgado por las atrocidades que había cometido. Cuando san Pedro llegó, el arzobispo ya había muerto; pero el santo pudo convertir a sus cómplices, a los que impuso justa penitencia. Éste fue el último servicio público que el santo prestó a la Iglesia. A su vuelta a Roma, se vio atacado por una aguda fiebre en un monasterio de las afueras de Faenza, donde murió al octavo día, el 22 de febrero de 1072, mientras los monjes recitaban los maitines alrededor de su lecho.

San Pedro Damiani fue uno de los predecesores del monje Hildebrando, es decir Gregorio VII. Fue un elocuente predicador y un escritor fecundo. Aunque nunca hubo una canonización formal, la declaración en 1828 (otros dicen 1823), por SS. León XII, como doctor de la Iglesia, confirma el culto que se le venía tributando desde antiguo.

Aunque la biografía escrita por su discípulo Juan (casi seguramente Juan de Lodi, que fue más tarde arzobispo de Gubio), constituye un relato coherente de la vida del santo, su historia puede reconstruirse a base de las crónicas de la época y de los sermones y cartas de san Pedro Damiani. La biografía escrita por Juan se halla en Acta Sanctorum, febrero, vol. III, y también en Mabillon. Ver el excelente estudio de R. Biron, St. Pierre Damiani, en la colección Les Saints, y Capecelatro, Storia di San Pietro Damiano. En Lives of the Popes de Mons. Mann (vols. V y VI) se encontrarán muchos datos complementarios. Cf. O. J. Blum, St Peter Damiani (1947), que estudia las enseñanzas del santo; y D. Knowles, The Monastic Order in England (1949), pp. 193-197, donde hay muchas referencias.

 

El Oficio de Lecturas utiliza tres lecturas del santo a lo largo del año litúrgico: en la memoria de san Jorge, mártir, en la de san Romualdo, abad, y hoy mismo, en la del propio santo.

 

Estas biografías de santo son propiedad de El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una fuente, esta ha sido tratada sólo como fuente, es decir que el sitio no copia completa y servilmente nada, sino que siempre se corrige y adapta. Por favor, al citar esta hagiografía, referirla con el nombre del sitio (El Testigo Fiel) y el siguiente enlace: https://www.eltestigofiel.org/index.php?idu=sn_645

 

lunes, 14 de febrero de 2022

Santos Cirilo y Metodio, misioneros

 

 

Santos Cirilo y Metodio, misioneros

 

Fecha: 14 de febrero

Fecha en el calendario anterior: 7 de julio

†: 869 y 885 - país: República Checa

Canonización: pre-congregación

Hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI

 

Elogio: Fiesta de san Cirilo, monje, y san Metodio, obispo, hermanos nacidos en Tesalónica, que enviados a Moravia por el obispo Focio de Constantinopla para predicar la fe cristiana, allí crearon signos propios para traducir del griego a la lengua eslava los libros sagrados. En un posterior viaje a Roma, Cirilo, que antes se llamaba Constantino, enfermó, y habiendo profesado como monje, descansó en el Señor en este día. Metodio, constituido obispo de Sirmium por el papa Adriano II, evangelizó la región de Panonia, y en todas las dificultades que soportó fue siempre ayudado por los Pontífices Romanos; recibió finalmente el premio celestial por sus trabajos en Velherad, en Moravia, el día seis de abril.

 

Patronazgos: patronos de Europa, Bohemia y Moravia, Polonia, República Checa, Bulgaria, Eslovaquia y Serbia, y protectores contra las tormentas eléctricas.

Refieren a este santo: Santos Clemente, Gorazdo, Nahum, Sabas y Angelario, San Esteban de Perm

Oración: Oh Dios, que iluminaste a los pueblos eslavos mediante los trabajos apostólicos de los santos hermanos Cirilo y Metodio, concédenos la gracia de aceptar tu palabra y de llegar a formar un pueblo unido en la confesión y defensa de la verdadera fe. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén (oración litúrgica).

 

Se venera a estos dos hermanos originarios de Tesalónica como apóstoles de los eslavos del sur y padres de la literatura eslava. Cirilo, el más joven de los dos, recibió en el bautismo el nombre de Constantino y tomó el de Cirilo poco antes de su muerte, junto con el hábito de monje. Fue enviado a Constantinopla muy joven. Allí hizo sus estudios, bajo la dirección de León el Gramático y de Focio. Aunque era más versado en las ciencias profanas que en la teología, fue ordenado diácono. Probablemente, no recibió sino hasta más tarde el sacerdocio. Sucedió a Focio en su sede, y la fama de su sabiduría le ganó el título de «el filósofo». Durante algún tiempo se retiró a un monasterio, pero, el año 861, el emperador Miguel III le envió en una embajada religioso-política ante el gobernador de los kázaros, que habitaban la región entre el Dniéper y el Volga. El santo desempeñó con éxito su misión, aunque sin duda se ha exagerado mucho el número de los que convirtió a la fe. Metodio, el hermano mayor de Cirilo, había sido gobernador de una de las colonias eslavas en la provincia de Opsikion y, después, había tomado el hábito de monje. Acompañó a su hermano en la embajada ante el gobernador de los kázaros y, a su vuelta a Grecia, fue elegido abad de un importante monasterio.

 

El año 862, llegó a Constantinopla un embajador de Rostislavo, príncipe de Moravia, para obtener que el emperador enviase misioneros capaces de evangelizar a los eslavos en su propio idioma. Rostislavo deseaba, por otra parte, congraciarse con Bizancio para defenderse de sus poderosos vecinos, los germanos. El emperador de Oriente vio en ello la ocasión de contrarrestar la influencia del emperador de Occidente en aquellas regiones, en las que ya se habían introducido los misioneros germanos. La empresa sonreía, por lo demás, a Focio, patriarca de Constantinopla, quien escogió para la tarea a san Cirilo y san Metodio, cuya cultura y conocimiento del eslavo los hacían capaces de crear un alfabeto escrito de la lengua del país. Probablemente, los sucesores de san Cirilo inventaron, sirviéndose de las mayúsculas griegas, el alfabeto «cirílico», del que se derivan los caracteres actuales del ruso, del serbio y del búlgaro. Antiguamente se atribuía por error a san Jerónimo la creación del alfabeto «glagolítico» en que están escritos los libros litúrgicos eslavo-románicos de ciertas regiones católicas de Yugoslavia; pero dicho alfabeto fue probablemente inventado por el mismo san Cirilo, a quien, según la leyenda, Dios lo reveló directamente. Como tantos otros aspectos de la historia de san Cirilo y san Metodio, la cuestión de los alfabetos es muy oscura. La lengua sudeslava de san Cirilo y san Metodio es, hasta la fecha, el idioma litúrgico de los rusos, de los ucranios, de los serbios y de los búlgaros, tanto católicos como ortodoxos.

 

Los dos hermanos partieron de Constantinopla con varios compañeros el año 863. En la corte de Rostislavo fueron muy bien recibidos y emprendieron inmediatamente la tarea. Pero la posición de los misioneros era muy difícil. El empleo del idioma de la región en la predicación y la liturgia los hacía muy populares entre los habitantes; pero el clero germánico se oponía a ello, sostenido por el emperador Luis el Germánico, quien obligó a Rostislavo a prestarle juramento de fidelidad. Los misioneros bizantinos, que habían traducido al eslavo algunas perícopas de la Escritura y los himnos litúrgicos, prosiguieron con éxito la evangelización. Pero uno de los grandes obstáculos era la falta de un obispo que ordenase nuevos sacerdotes, puesto que el prelado germánico de Passau se negó a hacerlo. Entonces, san Cirilo decidió ir a Constantinopla a pedir ayuda. Llegó a Venecia acompañado por su hermano, pero había escogido el peor momento: Focio acababa de ser excomulgado y la Santa Sede miraba con desconfianza a todo el Oriente. Los misioneros fueron mal acogidos en Venecia, donde se les consideraba como protegidos del emperador de Oriente y se criticaba el empleo que hacían del eslavo en la liturgia. Según una de las fuentes, el papa san Nicolás I los llamó a Roma. En todo caso, es cierto que los misioneros fueron a la Ciudad Eterna, llevando las pretendidas reliquias de san Clemente Papa, que san Cirilo había recobrado a su paso por Crimea. El papa san Nicolás había muerto mientras tanto; pero Adriano II, su sucesor, acogió calurosamente a los portadores de un regalo tan precioso. Después de juzgar la causa de los misioneros, Adriano II determinó conferir a Cirilo y Metodio el episcopado, aprobó la ordenación sacerdotal de los eslavos convertidos, y alabó el empleo de la lengua eslava en la liturgia. No parece que san Cirilo haya sido realmente consagrado, ya que murió cuando se hallaba en Roma, el 14 de febrero del 869. Según la versión italiana de la leyenda, después de la muerte de san Cirilo, san Metodio dijo a Adriano II: «El último deseo de nuestra madre, cuando dejamos la casa paterna para ir a evangelizar el país en que hemos trabajado hasta ahora, con la gracia de Dios, fue que, al morir uno de nosotros dos, el otro se encargase de transportar su cadáver para darle sepultura en nuestro monasterio. Así pues, os ruego que me ayudéis en esta empresa». El papa estaba dispuesto a ayudar a san Metodio, pero sus consejeros le dijeron: «No conviene que dejemos salir de la ciudad el cuerpo de un hombre tan distinguido, que enriqueció nuestra ciudad con tan extraordinarias reliquias, que ganó al cristianismo naciones tan remotas y que murió entre nosotros». El papa concedió la razón a sus consejeros, y san Cirilo fue sepultado en la iglesia de San Clemente, donde se habían depositado las reliquias que él había llevado a Roma.

 

San Metodio se encargó de llevar adelante la empresa de evangelización. Después de recibir la consagración episcopal, volvió a su antigua misión, llevando consigo un documento en que la Santa Sede le recomendaba como hombre de «doctrina y ortodoxia perfectas». Kosel, príncipe de Panonia, pidió que se restableciese la antigua arquidiócesis de Sirmiun (actualmente Mitrovic, en Serbia); san Metodio fue nombrado arzobispo, y sus diócesis sufragáneas se extendían hasta las fronteras de Bulgaria. A pesar del apoyo y la aprobación del Sumo Pontífice, el clero germánico no cesó de poner obstáculos a la evangelización. Por otra parte, la situación política de Moravia había cambiado, ya que Svatopluk, sobrino de Rostislavo, se había aliado con Carlomán de Baviera y había expulsado a su tío. El año 870, san Metodio compareció ante un sínodo de obispos germánicos y fue encarcelado en una celda húmeda. El papa Juan VIII no consiguió que le pusiesen en libertad sino hasta dos años más tarde y juzgó prudente retirar el permiso de predicar en eslavo (que era, según la llamaba el Pontífice, «una lengua bárbara»). Sin embargo, Juan VIII tuvo cuidado de recordar a los germanos que Panonia y todas las sedes del Ilírico dependían desde antiguo de la Santa Sede.

 

San Metodio continuó la evangelización durante los años siguientes. Pero Svatopluk se convirtió en enemigo suyo, porque el santo le echó en cara la vida licenciosa que llevaba. Así pues, el arzobispo fue acusado ante la Santa Sede, en 878, de seguir con las celebraciones litúrgicas en la lengua eslava y de omitir, heréticamente, la mención del Hijo en el Credo. (Advirtamos que en aquella época las palabras "y del Hijo" (Filioque) no se habían introducido todavía en todas partes y, ciertamente, no en Roma). Juan VIII convocó a Metodio a la Ciudad Eterna. Metodio consiguió probar su ortodoxia y convencer al Pontífice sobre la necesidad de emplear la lengua eslava. Aunque con ciertas reservas, Juan VIII aprobó nuevamente el empleo de dicha lengua, «porque Dios, que creó los tres principales idiomas -el hebreo, el griego y el latín-, también había creado otros para su honor y gloria». Desgraciadamente, accediendo a los deseos de Svatopluk, el Papa nombró también para la sede de Nitra, que era sufragánea de Sirmiun, a un sacerdote germánico llamado Wiching, que era enemigo acérrimo de san Metodio. Ese prelado, que era muy poco escrupuloso, llegó a falsificar documentos pontificios para perseguir a san Metodio. Después de la muerte del santo, Wiching obtuvo la sede de Sirmiun, desterró a los principales partidarios de su predecesor y anuló la mayor parte de su obra.

 

Según la versión de Panonia, san Metodio terminó en los cuatro últimos años de su vida la traducción de la Biblia al eslavo (excepto los libros de los Macabeos) y tradujo también una colección de leyes civiles y eclesiásticas bizantinas, llamada el «Nomokanon» (es decir: compilación de leyes). Esto parece indicar que las circunstancias impedían al santo consagrarse enteramente a los asuntos misionales y episcopales, es decir, que estaba perdiendo la batalla contra la tendencia germánica. San Metodio murió probablemente en Stare Mesto (Velehrad, en la República Checa) el 6 de abril del 884, consumido por el trabajo apostólico y la oposición de los que no estaban de acuerdo con sus métodos de evangelización. La liturgia de sus funerales se celebró en griego, en eslavo y en latín. «Las gentes acudieron con antorchas encendidas. Todo el pueblo se hallaba presente: hombres y mujeres, grandes y pequeños, ricos y pobres, libres y esclavos, viudas y huérfanos, ciudadanos y forasteros, sanos y enfermos. Porque Metodio se había hecho todo a todos para ganar a todos para el cielo».

 

La fiesta de los santos Cirilo y Metodio, que se había celebrado desde antiguo en la región donde trabajaron, fue extendida a toda la Iglesia de Occidente por el Papa León XIII en 1880. Por tratarse de dos orientales que trabajaron en estrecha colaboración con la Santa Sede, se los considera como patronos especiales de la unidad de la Iglesia y de las obras que se dedican a promover la unión con las Iglesias eslavas disidentes. Los católicos checos, eslavos y croatas, así como los servios y búlgaros ortodoxos, les profesan especial devoción. Los nombres de los dos santos aparecen en la preparación de la misa bizantina de rito eslavo. Juan Pablo II, con la carta apostólica «Egregiae virtutis», del 31 de diciembre de 1980, los proclamó -junto con san Benito de Nursia- patronos de Europa, y presentó sus figuras de evangelizadores por medio de la encíclica «Slavorum apostoli», de 1985.

 

La vida de estos dos santos está íntimamente relacionada con una larga y complicada historia de rivalidades políticas y eclesiásticas. A pesar de todos los trabajos recientes sobre los documentos contradictorios, resulta todavía imposible determinar exactamente los hechos. Las fuentes representan dos tradiciones. La tradición de Panonia comprende las biografías de Constantino (Cirilo) y Metodio (Miklosich, Die Legende von hl. Cyrillus y la Vita S. Methodii russico-slovenice et latine, Viena, 1870), y una biografía griega de San Clemente de Okhrida (Migne, P. G., vol. CXXVI, cc. 1194-1240). En la tradición italiana de la leyenda hay una vida de San Cirilo "cum translatione sancti Clementis" (Acta Sanctorum, vol. II). La "leyenda morávica" es muy posterior a las otras dos tradiciones, que datan de los siglos IX y X. Acerca de estas fuentes, véase F. Dvornik, Les Slaves, Byzance, et Rome au IXe. siécle (1926), y Les legéndes de Constantin et de Méthodes vues de Byzance (1933). Véase también J. B. Bury, History of the Eastern Román Empire (1912); A. Lapotre, Le pape Jean VIII (1895); L. K. Goetz, Geschichte der Slavenapostel K. und M. (1897); F. Grivec, Die hl. Slavenapostel K. und M. (1928); Analecta Bollandiana, vol. XLVII (1929), pp. 178-181; y Fliche y Martin, Histoire de l´Eglise, vol. VI, pp. 451-463.

Imágenes:

-Ícono ruso de los dos hermanos.

-Karel Dvorák: Cirilo y Metodio, estatua en el puente Karluv, en Praga, 1928 a 1939.

-Alfabeto glagolítico inventado por san Cirilo para fijar por escrito la lengua eslava.

 

fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI

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ingreso o última modificación relevante: ant 2012

Estas biografías de santo son propiedad de El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una fuente, esta ha sido tratada sólo como fuente, es decir que el sitio no copia completa y servilmente nada, sino que siempre se corrige y adapta. Por favor, al citar esta hagiografía, referirla con el nombre del sitio (El Testigo Fiel) y el siguiente enlace: https://www.eltestigofiel.org/index.php?idu=sn_571

 

 

 

jueves, 10 de febrero de 2022

Santa Josefina Bakhita, virgen

 

 

Santa Josefina Bakhita, virgen

 

Fecha: 8 de febrero

n.: c. 1869 - †: 1947 - país: Italia

Canonización: B: Juan Pablo II 17 may 1992 - C: Juan Pablo II 1 oct 2000

 

Elogio: Santa Josefina Bakhita, virgen, nacida en la región de Darfur, en Sudán, que, siendo aún niña, fue raptada y vendida en diversos mercados africanos de esclavos, sufriendo dura cautividad. Al obtener la libertad, abrazó la fe cristiana e ingresó en el Instituto de Hijas de la Caridad (Canosianas), y pasó el resto de su vida en Schio, en el territorio italiano de Vicenza, entregada a Cristo y al servicio del prójimo.

 

Oración: Oh Dios, que de la humillante esclavitud condujiste a santa Josefina a la dignidad de hija tuya y esposa de Cristo, te rogamos nos concedas que, imitando su ejemplo, sigamos con amor firme a Cristo crucificado y, movidos a misericordia, perseveremos en el amor. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén (oración litúrgica).

 

«Si volviese a encontrar a aquellos negreros que me raptaron y torturaron, me arrodillaría para besar sus manos porque, si no hubiese sucedido ésto, ahora no sería cristiana y religiosa.»

 

Infancia

El nombre real de Bakhita no se conoce, al igual que tampoco se sabe la fecha exacta de su nacimiento, pero se cree que venía del pequeño pueblo de Olgossa en Darfur, al sur del actual Sudán, y se habla de 1869 como año de su nacimiento. Allí creció junto a sus padres, sus tres hermanos y dos hermanas, una de ellas su propia gemela. Siendo todavía una pequeña niña, sufrió un acontecimiento que la marcaría para el resto de su vida. Mientras ayudaba a sus padres en el campo, Olgossa fue atacada por negreros en busca de esclavos y su hermana, que se encontraba en casa cuidando al más pequeño de la familia, fue capturada. Más tarde, en su biografía, Bakhita escribirá: "Recuerdo cuánto lloró mamá y cuánto lloramos todos".

 

Mientras los imperios ya establecidos proporcionaban protección ante la esclavitud, toda la zona de Sudán constituía una fuente de recursos para capturar esclavos. El comercio de esclavos en esta época se había cambiado desde el mercado americano (la esclavitud al otro lado del atlántico había sido abolida) al mercado árabe en el norte y la esclavitud interior en los imperios africanos. Darfur pertenecía al dominio británico-egipcio de Sudán, donde el comercio de esclavos había sido prohibido en 1856. El comercio, en cualquier caso, no era controlado por el gobierno y fuera de los centros coloniales, los únicos sitios con una fuerte presencia de europeos, la trata de esclavos se mantuvo durante varias décadas más. Sólo después de la ocupación efectiva del interior de Sudán, a principios del siglo XX, la práctica de venta de esclavos fue poco a poco abolida. La esclavitud, en otras formas, ha continuado hasta nuestros días. Bakhita relata sobre su propio encuentro con estos buscadores de esclavos:

 

«Tenía aproximadamente nueve años cuando, una mañana, caminaba por los campos, un poco lejos de casa, con una amiga. Repentinamente, vimos a dos extranjeros aparecer tras unos arbustos. Uno de ellos le dijo a mi compañera: 'Deja a la niña pequeña ir al bosque a buscarme alguna fruta. Mientras, tú puedes continuar tu camino. Te alcanzaremos dentro de poco'. Su objetivo era alejar a mi amiga para que no pudiese dar la alarma mientras ellos me capturaban.

Yo, por supuesto, no podía sospechar nada y obedecí, tal y como hacía siempre con mi madre. Una vez que estaba en el bosque, ví a las dos personas detrás de mí. Uno de ellos me agarró fuertemente, mientras el otro sacó un cuchillo con el que me amenazaba. Gritándome, me dijo: 'Si gritas, morirás. Síguenos.»

 

Bakhita significa "afortunada", un nombre que le dieron los mismos buscadores de esclavos que la secuestraron cuando tenía nueve años y la separaron para siempre de su familia y de su pequeño pueblo. La niña estaba tan traumatizada por la experiencia que le fue imposible recordar su verdadero nombre. Los secuestradores advirtieron rápidamente su especial carisma y eligieron para ella el nombre de Bakhita.

 

En esclavitud

Bakhita fue llevada hasta la ciudad de El Obeid, en la región de Kordofan, donde fue utilizada como esclava por los mismos comerciantes de esclavos árabes que la habían secuestrado. Su venta se realizó muy pronto. En total, fue objeto de este comercio cinco veces, pasando a cinco distintos amos a través de los mercados de esclavos de El Obeid y Jartum, la capital de la colonia. Intentó escapar varias veces, pero no lo consiguió. En concreto, su cuarto amo, en Jartum, fue quien le hizo sufrir las peores humillaciones y torturas. Sus peores recuerdos se remontan a la edad de 13 años, cuando fue tatuada. Le realizaron 114 incisiones en su cuerpo y durante un mes le colocaban sal para evitar las infecciones. "Sentía que iba a morir en cualquier momento, en especial cuando me colocaban la sal", escribe Bakhita en su biografía. Su quinto y último amo fue el cónsul y comerciante italiano Calixto Leganini. Leganini compró a Bakhita en el mercado de Jartum en 1882 y, por primera vez, fue tratada bien. "Esta vez fuí realmente afortunada - escribe Bakhita - porque el nuevo patrón era un hombre bueno y me gustaba. No fui maltratada ni humillada, algo que me parecía completamente irreal, pudiendo llegar incluso a sentirme en paz y tranquilidad".

 

Al llegar las tropas mahdis a Jartum en 1884 y expulsar a los colonialistas británico-egipcios, Laganini se vió obligado, junto a otros muchos europeos, a abandonar Sudán. Bakhita se negaba a abandonar a su patrón y, tras muchas súplicas e insistencia, consiguió viajar, junto a su patrón y su amigo Augusto Michieli, a Italia. Al llegar a Italia, la esposa de Michieli les esparaba. Esperando la llegada de varios esclavos, la señora Michieli exigió obtener uno de ellos y se le entregó a Bakhita. Así, Bakhita siguió a su nueva "familia" a Ziango, un pequeño pueblo en la zona de Venecia. Durante los tres años que vivió con la familia Michieli, Bakhita trabajó como niñera y amiga de su hija Minnina. Pero, en 1888, la familia compró un hotel en Suakin, la costa sudanesa del Mar Rojo y la señora Michieli siguió a su marido para ayudarle en el negocio hotelero. Bakhita decidió permanecer en Italia.

 

La conversión a la religión

Después de haber sido aconsejadas por la orden de las Hermanas de Canossa de Venecia, Bakhita y Mimmina, la hija de los Michieli, ingresaron en el noviciado del Instituto de las Hermanas de la Caridad en Venecia. La congregación fue fundada en 1808 por la hermana Magdalena Gabriela di Canossa, que le dió el nombre de Instituto de las Hermanas de la Caridad, pero normalmente se conocen como las Hermanas de Canossa. Allí Bakhita se dedicó a educar a niñas pobres, servir en hospitales y enseñar la catequesis en las parroquias. Aquí, en el Instituto, aprendió a conocer al Dios de los cristianos y en ese momento reconoció que Dios "había permanecido en su corazón", desde que había sido niña y que le dió fuerzas para soportar la esclavitud, "pero no sabía quien era hasta este momento". Fue bautizada el 9 de enero de 1890 y recibió, al mismo tiempo, su primera comunión y confirmación por el cardenal de Venecia. En este momento, tomó el nombre cristiano de Josefina Margarita Afortunada.

 

Se dice que Bakhita tuvo problemas para expresar su gozo. Pero el regocijo que experimentó a través de su religión fue a veces observado, como en el momento de su bautismo, en el que manifestó: "¡Aquí llego a convertirme en una de las hijas de Dios!". En su biografía cuenta que, cada día que permaneció en el Instituto, llegó a ser más y más consciente de quien era este Dios, "que me ha traído hasta aquí de esta extraña forma".

 

Cuando la señora Michieli volvió de Sudán quería llevarse consigo a su hija y a Bakhita de nuevo a África. Pero, con una impresionante fuerza y coraje, Bakhita dijo que no iría y que prefería servir a su Dios junto a las Hermanas de Canossa. Se dice que la respuesta enfureció a la señora Michieli y que insistió en que Bakhita fuese con ellos. De todos modos, la responsable del Instituto contactó al cardenal y al gobernador, quienes declararon que, desde que la esclavitud era ilegal en Italia, Bakhita era libre de tomar sus propias decisiones y llevarlas a cabo. Así, permaneció en el Instituto y pronto su vocación la llevó a convertirse en una hermana de la orden. Lo consiguió el 7 de diciembre de 1893, a la edad de 38 años.

 

 

 

Bakhita, la monja

Los siguientes 50 años de su vida fue monja. En 1902 fue trasladada de Venecia a Schio, en el norte de Italia, donde trabajó limpiando, cocinando y cuidando a los más pobres. En poco tiempo consiguió la reputación de ser una santa. En cualquier caso, no fue conocida por realizar milagros ni fenómenos sobrenaturales. Ella es conocida por haber sido modesta y humilde, manteniendo la fe en su interior, espiritualmente, y cumpliendo cada día las rutinas diarias. Es un gran trabajo para ella cuando le ordenan escribir su autobiografía y viajar para contar la increíble historia de su vida. Comienza sus memorias en 1910 y finalmente fueron publicadas en 1930. En 1929 se le ordenó ir a Venecia y empezar a contar sus experiencias. Después de que se publicase su biografía, Bakhita se convirtió en una gran personalidad en toda Italia y se vió obligada a viajar por todo el país para dar conferencias y recoger dinero para la orden.

 

En sus últimos años, la salud de Bakhita era cada vez más débil y se vió obligada a postrarse en una silla de ruedas. Pero, no obstante, continuó viajando y representando un modelo de caridad, aunque sus últimos años estuviesen marcados por el dolor y la enfermedad. En medio de su sufrimiento, volvió a recordar sus terribles experiencias como esclava de nuevo, y se sabe que decía a la enfermera que la cuidaba en sus últimso momentos: "¡Por favor, desatadme las cadenas...es demasiado!" Cuando murió el 8 de febrero de 1947 en Schio, sus últimas palabras fueron tan sólo "Madonna! Madonna!". Su cuerpo fue expuesto para ser velado durante tres días. Miles de personas acudieron para expresarle su respeto y admiración. LLegó a ser famosa por su caridad y piedad por todo el país. La afectada multitud contó que sus articulaciones continuaban calientes a lo largo de estos tres días y las madres cogían su mano para colocarla sobre la cabeza de sus hijos para que les otorgase la salvación. Su reputación como una santa se ha consolidado. Josefina ha sido recordada y respetada como nostra Madre Moretta, en Schio. Fue canonizada por SS Juan Pablo II el 1 de octubre del 2000.

 

Con pocas variantes, esta misma biografía se reproduce en decenas de sitios de internet. Nosotros lo hemos tomado de Afrol.news que parece ser el que primero la ha publicado, aunque tampoco allí figura la autoría.

 

 

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sábado, 5 de febrero de 2022

Santa Águeda, virgen y mártir

 

 

Santa Águeda, virgen y mártir

 

Fecha: 5 de febrero

†: c. 251 - país: Italia

Otras formas del nombre: Ágata

Canonización: pre-congregación

Hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI


Elogio: Memoria de santa Águeda, virgen y mártir, que en Catania, ciudad de Sicilia, siendo aún joven, en medio de la persecución mantuvo su cuerpo incontaminado y su fe íntegra en el martirio, dando testimonio en favor de Cristo Señor.

Patronazgos: patrona de Catania (Italia) y Malta, de las enfermeras, pastoras, tejedores, mineros, trabajadores de hornos, orfebres, campaneros, cristaleros, protectora contra el hambre, la infecundidad, las enfermedades de las mamas, fiebres, para pedir por el mal tiempo, los terremotos y desastres naturales, y especialmente contra la erupción del Etna.

Tradiciones, refranes, devociones: Por santa Águeda el tiempo agrada.

Santa Águeda, todas las fiestas arrebata. (?)

Oración: Te rogamos, Señor, que la virgen santa Águeda nos alcance tu perdón, pues ella fue agradable a tus ojos por la fortaleza que mostró en su martirio y por el mérito de su castidad. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén (oración litúrgica).


Las ciudades de Palermo y Catania, en Sicilia, se disputan el honor de haber sido el lugar de nacimiento de santa Águeda, pero el único dato cierto al que se ha llegado es que recibió la corona del martirio en Catania. Sus «Actas», que existen en latín y griego con muchas variantes y que no tienen valor histórico, declaran que perteneció a una familia rica e ilustre, y que habiendo sido consagrada a Dios desde sus primeros años, triunfó de los muchos asaltos a su pureza. Quinciano, un dignatario consular, pensó que podría llevar al cabo sus perversas intenciones hacia Águeda, por medio del edicto del emperador contra los cristianos. Con ese objeto, la hizo comparecer en su presencia. Viéndose en manos de sus perseguidores, oró de esta manera:

«Jesucristo, Señor de todas las cosas, tú ves mi corazón, tú conoces mis deseos. Sé tú dueño absoluto de todo lo que soy. Soy tu oveja: hazme digna de vencer al diablo.»

Quinciano ordenó que se la entregaran a Aphrodisia, una mujer perversa que con sus seis hijas tenía una casa de mala fama. En este lugar espantoso sufrió Águeda asaltos y acechanzas contra su honra, más terribles para ella que el tormento o la muerte, pero se mantuvo firme. Después de un mes, Quinciano trató de asustarla con amenazas, pero ella permaneció inconmovible y declaró que ser sierva de Jesucristo era estar en verdad libre. El juez, disgustado con sus firmes respuestas, mandó que fuera azotada y llevada a la prisión. Al día siguiente, le hicieron otro interrogatorio y ella aseguró que Jesucristo era su luz y su salvación. Entonces Quinciano ordenó que la estiraran en el potro, tormento que generalmente iba acompañado de azotes, desgarramiento de los costados con ganchos de hierro, y aplicación de antorchas ardiendo. 

El gobernador, enfurecido al ver que sufría todo esto

con alegría, ordenó que le oprimieran brutalmente los pechos y después se los cortaran. Luego mandó que la enviaran de nuevo a la prisión, ordenando que no le dieran ni alimentos, ni atención médica. Pero Dios la confortó; se le apareció San Pedro en una visión que llenó su calabozo de una luz celestial, la consoló y la curó. Cuatro días después, Quinciano hizo que la rodaran desnuda sobre brasa ardiendo, mezcladas con cortantes fragmentos de vasijas. Al ser conducida de vuelta a la prisión, exclamó «Señor, Creador mío, desde la cuna me has protegido siempre; me has apartado del amor al mundo y me has dado paciencia para sufrir. Recibe ahora mi alma». Después de decir estas palabras, expiró.

Hay buen testimonio del primitivo culto a Santa Águeda. Su nombre aparece en el calendario de Cartago (c. 530), y en el Hieronymianum, y sus alabanzas las cantó Venancio Fortunato (Carmina 8:4), pero no podernos afirmar nada referente a su historia. Está representada en la procesión de los santos en Sant`Apollinare Nuovo en Ravena. En el arte la han representado sosteniendo un plato con los pechos que le cortaron. En la Edad Media éstos se confundieron a veces con panes, y de ahí parece que vino la costumbre de bendecir pan en la fiesta de Santa Águeda, el cual se lleva al altar en un plato. Como en Sicilia tenía la fama de poder detener las erupciones del Monte Etna, se la invoca contra cualquier brote de fuego. Ya sea porque cuando ocurre algún incendio se da aviso con un toque de campana, o porque el metal fundido para moldearla se asemeja a una corriente de lava, los gremios de fundidores de campanas tomaron a Santa Águeda por su patrona. En Roma hay dos iglesias del siglo sexto que están dedicadas en su honor, y se la nombra en el canon I de la misa.

Véase el Acta Sanctorum, febrero, vol. I, donde hay, una versión latina de un elogio atribuido a San Metodio de Constantinopla (o de Sicilia), muerto hacia el 847, sobre el cual véase Analecta Bollandiana, vol. LXVIII (1950) pp. 58 ss.; este elogio se utiliza como lectura patrística en la liturgia de las horas del día de la santa. Véase también a J.P. Kirsch en la Catholic Encyclopedia (vol. I, pp. 203-204); y para la santa en el arte, Künstle, Ikonographie der Heiligen (1926), pp. 37-39. Una obra sobre Santa Agueda en dos vols., por B. G. Consoli, apareció en 1951.

Imagen: mural en la iglesia de Santa Águeda en el monasterio de Ris en Vichy, en la región de Auvernia, siglo XV.

 

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