martes, 1 de diciembre de 2020
Santa Inés, virgen y mártir
San Antonio de Padua, presbítero y doctor de la Iglesia
EL DECÁLOGO DE SAN ANTONIO DE PADUA
TRECE MINUTOS CON SAN ANTONIO DE PADUA
NOVENA A SAN ANTONIO DE PADUA
ORACIÓN DIARIA PARA LOS DEVOTOS DE SAN ANTONIO
ROSARIO A SAN ANTONIO DE PADUA
ORACIONES A SAN ANTONIO POR UNA NECESIDAD
LA TRADICIÓN DEL PAN DE SAN ANTONIO
ORACIÓN DE LIBERACIÓN DE SAN ANTONIO
EL BREVE DE SAN ANTONIO DE PADUA
LETANÍA DE SAN ANTONIO DE PADUA

Elogio: Memoria de san Antonio, presbítero y doctor de la Iglesia, que, nacido en Portugal, primero fue canónigo regular y después entró en la Orden recién fundada de los Hermanos Menores, para propagar la fe entre los pueblos de África, pero se dedicó a predicar por Italia y Francia, donde atrajo a muchos a la verdadera fe. Escribió sermones notables por su doctrina y estilo, y por mandato de san Francisco enseñó teología a los hermanos, hasta que en Padua descansó en el Señor.
Patronazgos: patrono de Padua, Lisboa, y otras ciudades europeas; de los pobres y los trabajadores sociales; de los enamorados y los matrimonios; de las mujeres, los niños y los viajeros; de los panaderos, mineros y porquerizos; protector de los caballos y burros; contra la infertilidad, la fiebre, la peste, y las enfermedades del ganado; para invocar especialmente en situaciones de naufragio, peligro de guerra, para recuperar objetos perdidos, y por una buena cosecha.
Tradiciones, refranes, devociones: La tradición popular más conocida relacionada con el santo es la de que las solteras pongan una imagen suya cabeza abajo para pedir novio (por supuesto, la imagen no se vuelve al derecho hasta que no hace el milagro).
Refieren a este santo: Beata Elena Enselmini, Beato Jordán Forzaté, Beato Juan de Pina
A pesar de que Antonio era de nacionalidad portuguesa y había nacido en Lisboa, adquirió el apellido por el que lo conoce el mundo, de la ciudad italiana de Padua, donde vivió hasta su muerte y donde todavía se veneran sus reliquias.
Vino al mundo en 1195 y en la pila bautismal se le llamó Fernando, nombre éste que cambió por el de Antonio al ingresar en la Orden de Frailes Menores, por devoción al gran patriarca de los monjes y patrono titular de la capilla en que recibió el hábito franciscano.
Sus padres, jóvenes miembros de la nobleza de Portugal, dejaron que los clérigos de la Catedral de Lisboa se encargaran de impartir los primeros conocimientos al niño, pero cuando éste llegó a la edad de quince años, fue puesto al cuidado de los canónigos regulares de San Agustín, que tenían su casa cerca de la ciudad.
Dos años después, obtuvo permiso para ser trasladado al priorato de Coimbra, por entonces capital de Portugal, a fin de evitar las distracciones que le causaban las constantes visitas de sus amistades. Una vez en Coimbra, se dedicó por entero a la plegaria y el estudio; gracias a su extraordinaria memoria retentiva, llegó a adquirir, en poco tiempo, los más amplios conocimientos sobre la Biblia. En el año de 1220, el rey Don Pedro de Portugal regresó de una expedición a Marruecos y trajo consigo las reliquias de los santos frailes franciscanos que, poco tiempo antes, habían obtenido allá un glorioso martirio.
Fernando, que por entonces había pasado ocho años en Coímbra, se sintió profundamente conmovido a la vista de aquellos despojos y, al mismo tiempo, nació en lo íntimo de su corazón el anhelo de dar la vida por Cristo. Comprendió al punto que, como canónigo regular, nunca llegaría a realizar su aspiración y, desde aquel momento, buscó ansiosamente una oportunidad de poner en práctica sus deseos. La ocasión se presentó poco después, cuando algunos frailes franciscanos llegaron a hospedarse en el convento de la Santa Cruz, donde estaba Fernando; éste les abrió su corazón y fue tan empeñosa su insistencia, que a principios de 1221, se le admitió en la orden.
Casi inmediatamente después, se le autorizó para embarcar hacia Marruecos a fin de predicar el Evangelio a los moros. Pero no bien llegó a aquellas tierras donde pensaba conquistar la gloria, cuando fue atacado por una grave enfermedad que le dejó postrado e incapacitado durante varios meses y, a fin de cuentas, fue necesario devolverlo a Europa.
La nave en que se embarcó, empujada por vientos contrarios, se desvió de la ruta y Fray Antonio se encontró en Messina, la capital de Sicilia. Con grandes penalidades, viajó desde la isla a la ciudad de Asís donde, según le habían informado sus hermanos en Sicilia, iba a llevarse a cabo un capítulo general. Aquella fue la gran asamblea de 1221, el último de los capítulos que admitió la participación de todos los miembros de la orden; estuvo presidido por el hermano Elías como vicario general y san Francisco, sentado a sus pies, estaba presente. Indudablemente que aquella reunión impresionó hondamente al joven fraile portugués.
Tras la clausura, los hermanos regresaron a los puestos que se les habían señalado, y Antonio fue a hacerse cargo de la solitaria ermita de San Paolo, cerca de Forlì. Hasta ahora se discute el punto de si, por aquel entonces, Antonio era o no era sacerdote; pero lo positivo es que nadie ha puesto en tela de juicio los extraordinarios dones intelectuales y espirituales del joven y enfermizo fraile que nunca hablaba de sí mismo. Cuando no se le veía entregado a la oración en la capilla o en la cueva donde vivía, estaba al servicio de los otros frailes, ocupado sobre todo en la limpieza de los platos y cacharros, después del almuerzo comunal.
Lo que se ha escrito en torno a San Antonio de Padua es tan
abundante, que se puede decir, sin temor a errores, que sólo lo supera en
cantidad lo que se ha escrito en torno a san Francisco de Asís. A pesar de todo
esto, los conocimientos positivos que tenemos sobre la vida detallada de san
Antonio, son extremadamente escasos y su biografía depende casi exclusivamente
de las narraciones anónimas, cuya colección se titula con la primera palabra
del escrito: «Assidua», y que fueron editadas originalmente en la Portugallae
Monumenta Historica, vol. I (1856), pp. 116-130. Existe la posibilidad de que
algunos de los sermones atribuidos al santo que se han conservado, nos
proporcionen la esencia de sus discursos y un testimonio del espíritu que le
inspiraba. En tiempos modernos se han publicado numerosas biografías de San
Antonio. El libro Antonius von Padua in Leben und Kunst (1931), de B.
Kleinschmidt, es un trabajo muy valioso por la atención con que se trata el
aspecto artístico de la devoción a san Antonio. En 1949, los frailes
conventuales de Padua publicaron un volumen de estudios para conmemoración del
santo. Se ha discutido muy ampliamente la cuestión de si san Antonio realizó
milagros durante su vida (véase a Felder, «Die Antonius Wunder», 1933, p. 156).
Alexia González-Barros y González, Venerable
Alexia González Barros, Venerable
Sus virtudes heroicas fueron aprobadas por el Papa Francisco el 5 de julio de 2018
Por: n/a | Fuente: Alexiagb.org
Oración por la intercesión de la venerable sierva de dios Alexia González-Barros
Oración:
Dios de piedad y misericordia que derramaste sobre tu sierva
Alexia gracias abundantísimas para que, viviendo con fe y sencillez los
acontecimientos de cada día te siguiera alegremente por el camino de la Cruz, haz
que por su mediación viva yo, abandonado en tus paternales brazos, la grandeza
de las cosas pequeñas, haciéndose realidad también en mí, y en los demás, la
súplica que, desde niña, suscitaste en su alma:
¡Jesús, que yo haga siempre lo que Tú quieras!
Dígnate glorificar a tu sierva Alexia y concédeme, por su
intercesión, el favor que te pido. (Pídase........)
Padrenuestro, Avemaría
y Gloria
De conformidad con los decretos del
Papa Urbano VIII, declaramos que esta oración no tiene finalidad alguna de
culto público
Nace en Madrid, en una familia cristiana. Era la menor de siete hermanos.
Desde los cuatro hasta los trece años, cuando se declara su enfermedad, estudia en el Colegio “Jesús Maestro” de Madrid, de la Compañía de Santa Teresa de Jesús.
Hasta entonces, su vida es como la de cualquier otra chica de su edad: el colegio, sus amigas, sus aficiones (cine, deporte, lectura, música), su vida familiar.
Quienes la conocieron ponen de relieve su buen carácter, su alegría, la importancia que daba a la amistad y su profunda fe. También hablan del cariño que sentía por sus padres y hermanos y de cuánto agradecía la formación que había recibido de ellos.
Destaca en Alexia la devoción a su ángel de la guarda, al que trató siempre con una gran confianza, hasta el punto de ponerle nombre, porque no quería "llamarle Custodio como todo el mundo". Decide llamarle Hugo, porque, según afirmaba, "es un nombre perfecto para un custodio".
A partir de entonces, se sabe que lo invoca con frecuencia, y durante su enfermedad comenta a los que la rodean lo mucho que Hugo la acompaña y ayuda.
El 8 de mayo de 1979, coincidiendo con las Bodas de Plata de sus padres, hace la Primera Comunión en Roma, en la cripta de la Iglesia de Santa María de la Paz.
Al día siguiente, en la Plaza de San Pedro, al terminar la audiencia, Alexia se acerca a Juan Pablo II para entregarle una carta que le había escrito, y recibe del Santo Padre la señal de la cruz y un beso en la frente. Le quería mucho y rezaba frecuentemente por él.
Desde muy pequeña -y por propia iniciativa- cada vez que hacía una genuflexión ante el sagrario, decía: "Jesús, que yo haga siempre lo que Tú quieras".
Este deseo sincero le permite afrontar con espíritu cristiano la dura enfermedad que irrumpe en su vida, brusca e inesperadamente, en febrero de 1985, poco antes de cumplir 14 años: un tumor canceroso en las cervicales la deja en poco tiempo completamente paralítica.
A pesar de todo esto, Alexia no pierde la paz y la alegría, y así ofrece su alma al Señor, "muy feliz, de verdad, de verdad, muy feliz", en la Clínica Universitaria de Navarra el 5 de diciembre de 1985.
Falleció en Pamplona, rodeaba por el cariño de su familia, en medio de una gran paz espiritual, el 5 de diciembre de 1985. Sus últimas palabras fueron: más y sí.
Más porque deseaba que siguieran hablándole de Dios.
Con su sí reiteraba el deseo que había manifestado constantemente desde que era niña:
“Jesús, que yo haga siempre lo que Tú quieras”.
Fama de santidad
Muchas personas se quedaron conmovidas tras su muerte. Una religiosa de su colegio, Mª Victoria Molins, Religiosa de la Compañía de Santa Teresa de Jesús, escribió un libro en el que se recordaban algunos sucesos de su vida.
Causa: todos los días del año llegaban cartas
Mientras tanto, su fama de santidad iba creciendo entre personas de todo tipo. Uno de los grandes impulsores de su causa fue un religioso claretiano.
La Causa de Beatificación de Alexia fue introducida en la diócesis de Madrid el 14 de abril de 1993 y fue clausurada solemnemente el 1 de junio de 1994.
Su Causa fue abierta en Roma el 30 de junio.
El 11 de noviembre de ese mismo año se otorgó el Decreto de validez por la Sagrada Congregación para las Causas de los Santos, ante la cual se presentó la Positio el día 8 de mayo del Año Jubilar 2000.
EL SEGUNDO FAVOR RECIBIDO:
Recientemente, a una persona que conozco el médico de familia le diagnosticó gangrena en tres dedos de su pie izquierdo y, con ese diagnóstico médico, la consecuencia estaba clara: amputarle los dedos gangrenados… La foto que recibí era verdaderamente espeluznante.
Faltaban nueve días para esa
intervención y empecé a pedirle a Dios, a través de Alexia, que sanara esos
dedos… También se lo comuniqué por WhatsApp a sus familiares directos,
incluyéndoles la estampa de Alexia con la oración y, al terminar, en “el favor
que te pido” incluimos: que no tengan que amputarle los dedos del pie izquierdo
a… (y puse su nombre). Al principio, durante esos nueve días estuvimos rezando
cinco personas; pero, poco a poco, se fueron añadiendo otras más.
Mi idea era: a mí me falta un poco de fe, pero si unimos la fe de muchos… ¡esto sale!
Ayer, el día de la intervención y tras la última prueba, el diagnóstico médico fue: nada de gangrena, lo que había era un tejido muerto en un solo dedo, no gangrenado y que no hacía falta operar. El interesado se fue a su casa muy contento.
Ahora le pido a Alexia que se
vuelque y que consiga de la Santísima Trinidad un milagro aún mayor.
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