miércoles, 10 de febrero de 2021

Santa Escolástica, abadesa

 

 

Santa Escolástica, abadesa

 

Fecha: 10 de febrero

n.: c. 480 - †: c. 547 - país: Italia

Canonización: pre-congregación

Hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI

 

Elogio: Memoria de la sepultura de santa Escolástica, virgen, hermana de san Benito, la cual, consagrada desde su infancia a Dios, mantuvo una perfecta unión espiritual con su hermano, al que visitaba una vez al año en Montecasino, en la Campania, para pasar juntos una jornada de santas conversaciones y alabanza a Dios.

Patronazgos: patrona de las monjas, y para pedir por la lluvia, contra los rayos y las tormentas, también contra las convulsiones en los niños.

Refieren a este santo: Santa Margarita de Hungría

 

Oración: Te rogamos, Señor, al celebrar la fiesta de santa Escolástica, virgen, que, imitando su ejemplo, te sirvamos con un corazón puro, y alcancemos así los saludables efectos de tu amor. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén (oración litúrgica).

 

       Por San Gregorio sabemos que esta santa, hermana gemela de san Benito, se consagró a Dios, según la tradición, desde su más tierna edad. No se sabe si vivía en su casa o en alguna comunidad religiosa, pero sí hay datos de que cuando su hermano residía en Monte Casino, ella se hallaba en Plombariola, probablemente fundando y gobernando un monasterio, a unos ocho kilómetros de distancia del convento de san Benito. San Gregorio nos dice que san Benito era superior de monjas y de monjes, y parece evidente que santa Escolástica debió ser la abadesa de las monjas dirigidas por su hermano. Tenía la costumbre de visitar a san Benito una vez al año, y como no estaba permitido que entrara al monasterio, él salía a su encuentro para llevarla a una casa de confianza, donde los hermanos pasaban la velada orando, cantando himnos de alabanza a Dios y discutiendo asuntos espirituales.

 

San Gregorio hace una notable descripción de la última de estas visitas. Después de haber pasado el día como de costumbre, se sentaron a cenar y entonces Escolástica, presintiendo quizá que no volvería a ver a su hermano, rogó que no partiera aquella noche sino hasta el día siguiente, para tener la oportunidad de pasar el tiempo dialogando sobre los gozos del cielo. Benito no era capaz de quebrantar sus reglas pasando una noche fuera de su monasterio y como resultaran inútiles los ruegos de Escolástica, apeló a Dios con una ferviente oración para que interviniera en su ayuda. Apenas había terminado su plegaria, cuando estalló una tormenta tan violenta, que san Benito y sus compañeros se vieron obligados a quedarse en la celda. El santo increpó a Escolástica con estas palabras: «Dios te perdone, hermana; ¿qué has hecho?» A lo que ella respondió: «Te pedí un favor y me lo negaste. Se lo pedí a Dios y él me lo ha concedido». Convencido Benito de la intervención divina, se manifestó dispuesto a hacer lo que su hermana deseaba y ambos pasaron la noche hablando de las cosas santas y de los bienaventurados que ya gozaban de una felicidad, a la que ambos aspiraban ardientemente. Al salir el sol, se separaron y tres días después, santa Escolástica murió. San Benito estaba en esos momentos solo en su celda, absorto en la oración y tuvo la visión del alma de su hermana ascendiendo al cielo con figura de paloma. Lleno de alegría, dio gracias a Dios y salió para anunciar a sus hermanos la muerte de Escolástica. Por mandato suyo, algunos monjes fueron a buscar el cuerpo y le dieron sepultura en una tumba que ya habían preparado. Allí mismo fue enterrado san Benito cuando murió y, como dice el cronista: «Fue así como un mismo sepulcro reunió los cuerpos de aquellos cuyas almas habían estado siempre íntimamente unidas en el Señor». Al parecer, sus reliquias fueron trasladadas a Francia en el siglo VII y depositadas en Le Mans.

 

No sabemos prácticamente nada de santa Escolástica, excepto los dos capítulos de Los Diálogos de San Gregorio, II,33-34, cuyo resumen puede leerse hoy mismo en el Oficio de Lecturas.

 

fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI

ingreso o última modificación relevante: ant 2012

Estas biografías de santo son propiedad de El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una fuente, esta ha sido tratada sólo como fuente, es decir que el sitio no copia completa y servilmente nada, sino que siempre se corrige y adapta. Por favor, al citar esta hagiografía, referirla con el nombre del sitio (El Testigo Fiel) y el siguiente enlace: https://www.eltestigofiel.org/index.php?idu=sn_525

 

miércoles, 3 de febrero de 2021

Beato Pedro de Ruffía O.P.

 

 

Beato Pedro de Ruffía O.P.

Mereció sufrir la palma del martirio por sus trabajos en la evangelización

Presbítero y mártir

(1320-1365) Pedro Cambiani nació en Ruffía (Piamonte, Italia). Fue inquisidor de la fe en la diócesis de Turín y mereció sufrir la palma del martirio por sus traba­jos en la extensión de la misma. Fue asesinado por los herejes en el claustro del convento de Susa el 2 de febrero de 1365. Su cuerpo se venera desde 1516 en el convento de Santo Domingo de Turín. Su culto fue confirmado en 1856.

 

Oración Colecta

Oh Dios, que concediste al beato Pedro

coronar su defensa de la fe con el martirio;

concédenos, por sus méritos e intercesión,

que podamos nosotros complacerte

con una fe que se manifieste en obras de caridad.

Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo,

que vive y reina contigo

en la unidad del Espíritu Santo

y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.


Fuente: https://www.dominicos.org/predicacion/evangelio-del-dia/hoy/beato-pedro-de-ruffia-op/



Santos Simeón y Ana, santos del NT

 


Santos Simeón y Ana, santos del NT

 

Fecha: 3 de febrero

Fecha en el calendario anterior: 8 de octubre

Canonización: bíblico

Hagiografía: Abel Della Costa

 

Elogio: En Jerusalén, conmemoración de los santos Simeón, anciano honrado y piadoso, y Ana, viuda y profetisa, que merecieron saludar a Jesús niño como Mesías y Salvador, esperanza y redención de Israel, en el momento en que, según la ley, fue presentado en el Templo.

 

        Una extravagante leyenda, difundida sobre todo entre la cristiandad oriental, cuenta que Simeón era uno de los 70 sabios que tradujeron en el siglo IIIaC la biblia hebrea al griego -la conocida como "Biblia de los LXX" o "Septuaginta"-; al llegar a la profecía del Emmanuel, el pasaje de Isaías 7,14, consideró que el término "virgen" no era correcto, y quiso corregirlo y traducir por "mujer", pero el ángel de Dios se le apareció y le contuvo la mano, anunciándole que no moriría hasta no ver por sí mismo cumplida esa promesa. Así que Simeón tuvo que vivir unos 300 años hasta llegar a la escena de donde lo conocemos nosotros, es decir, a la entrada del templo, donde se comprende que haya dicho "ahora puedes dejar que tu siervo se vaya en paz...".

 

Excentricidades narrativas al margen, nuestra única fuente respecto de los dos santos que conmemoramos hoy, san Simeón el anciano vidente y santa Ana la profetisa (a la que por supuesto no debemos confundir con la más conocida santa Ana, abuela de Jesús), es el divulgado capítulo de san Lucas 2, donde se cuenta la gran manifestación de Jesús en la entrada del templo de Jerusalén. Leemos allí:

«He aquí que había en Jerusalén un hombre llamado Simeón; este hombre era justo y piadoso, y esperaba la consolación de Israel; y estaba en él el Espíritu Santo. Le había sido revelado por el Espíritu Santo que no vería la muerte antes de haber visto al Cristo del Señor. Movido por el Espíritu, vino al Templo; y cuando los padres introdujeron al niño Jesús, para cumplir lo que la Ley prescribía sobre él, le tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo:

 

"Ahora, Señor, puedes, según tu palabra,

dejar que tu siervo se vaya en paz;

porque han visto mis ojos tu salvación,

la que has preparado a la vista de todos los pueblos,

luz para iluminar a los gentiles y gloria de tu pueblo Israel."

 

Su padre y su madre estaban admirados de lo que se decía de él.

 

Simeón les bendijo y dijo a María, su madre: "Este está puesto para caída y elevación de muchos en Israel, y para ser señal de contradicción - ¡y a ti misma una espada te atravesará el alma! - a fin de que queden al descubierto las intenciones de muchos corazones."

 

Había también una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser, de edad avanzada; después de casarse había vivido siete años con su marido, y permaneció viuda hasta los ochenta y cuatro años; no se apartaba del Templo, sirviendo a Dios noche y día en ayunos y oraciones. Como se presentase en aquella misma hora, alababa a Dios y hablaba del niño a todos los que esperaban la redención de Jerusalén.»

 

Puesto que no hay ninguna tradición posterior cierta acerca de ninguno de los dos personajes, tenemos que atenernos a lo poco que nos cuenta san Lucas. Es evidente que el evangelio quiere destacar en los dos santos sus rasgos específicamente judíos, para mostrar el momento en el que la manifestación pública de Jesús abre la puerta de Israel a los gentiles; posiblemente para mostrar que esa apertura a los gentiles no es por capricho de los predicadores descendientes de san Pablo, sino porque así estaba previsto en las Santas Escrituras: dos judíos, un hombre y una mujer, inequívocamente judíos, entregan a los gentiles la llama de la promesa: "Luz para iluminar a las naciones".

 

El cántico de Simeón, más conocido como "Nunc dimittis", que la Iglesia reza cada noche en Completas, es un bellísimo himno, en el que el evangelio ha logrado sintetizar en pocas palabras el sentido con el que la Iglesia recibió desde un principio las promesas mesiánicas, especialmente las del Libro de la Consolación de Isaías (es decir, Isaías 40-55). Ana y Simeón asumen alternativamente los rasgos del "Heraldo" de Isaías:

 «Súbete a un alto monte

alegre mensajera de Sión...» (Is 40,9)

«¡Qué hermosos son, sobre los montes,

los pies del mensajero que anuncia la paz,

que trae la Buena Nueva..!» (Is 52,7)

 

Aunque estamos acostumbrados a traducir el primero de los dos textos en masculino, lo cierto es que literalmente Is 40,9 no menciona un heraldo sino una "heralda" (mebaseret), mientras que Is 52 sí habla de un heraldo (mebaser), de allí que el exégeta Fitzmeyer señala que san Lucas ha querido subrayar en Ana y Simeón, no sólo el cumplimiento, sino el cumplimiento literal del tiempo mesiánico. Efectivamente, de la profetisa Ana, aunque su figura quede un tanto eclipsada por la fuerza del himno de Simeón, se nos dice que "hablaba del niño a todos los que esperaban la redención de Jerusalén."

 

Respecto de la fecha de celebración de estos dos santos, nada más natural que recordarlos el día 3 de febrero, un día después de la única actuación que les conocemos; sin embargo esta lógica, que es la de algunos santorales orientales, no ha sido seguida siempre; por el contrario, la memoria de Simeón (con o sin mención de Ana) ha pasado por distintos puntos del calendario, hasta ahora que el Nuevo Martirologio Romano adoptó la que parece más pertinente.

 

Sobre los personajes como tales, no parece posible decir mucho más que lo relatado en el texto; más es ahondar no en sus personas sino en los vericuetos de la exégesis del evangelio de Lucas, terreno fascinante, pero que nos aleja del horizonte de un santoral. Para los que quieran adentrarse recomiendo, como lo he hecho otras veces, «El nacimiento del Mesías», de Raymond Brown, y el tomo II de «El Evangelio de San Lucas», de Robert Fitzmeyer. El artículo de Acta Sanctorum, octubre, tomo 4, pág 4-17, es muy útil para enterarse de algunos detalles en la transmisión de los datos -auténticos o legendarios- y para trazar una historia de las distintas fechas de celebración, pero no añade más datos históricos que los que tenemos: no añade más sencillamente porque no hay más.

 

Abel Della Costa

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Ingreso o última modificación relevante: ant 2012

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