lunes, 30 de noviembre de 2020

San Alfonso María de Ligorio

 




SAN ALFONSO MARÍA DE LIGORIO

Obispo, Doctor de la Iglesia por sus escritos sobre la moral.
Fundador de la Congregación del Santísimo Redentor (los Redentoristas)
Patrón de confesores y moralistas.
(1696-1787).

Fiesta: 1 de agosto

Extractos de sus Libros:

Bilocación

Nació en Nápoles el año 1696; obtuvo el doctorado en ambos derechos, recibió la ordenación sacerdotal e instituyó la Congregación llamada del Santísimo Redentor. Para fomentar la vida cristiana en el pueblo, se dedicó a la predicación y a la publicación de diversas obras, sobre todo de teología moral, materia en la que es considerado un auténtico maestro. Fue elegido obispo de Sant’ Agata de’ Goti, pero algunos años después renunció a dicho cargo y murió entre los suyos, en Pagami, cerca de Nápoles, el año 1787.


BIOGRAFÍA
San Alfonso nació en Nápoles el 27 de Septiembre de 1696.
Sus padres Don José de Liguori y Doña Ana Cavalieri eran de familias nobles y distinguidas.

Era un "niño prodigio" con gran facilidad para los idiomas, ciencias, arte, música y demás disciplinas. Empezó a estudiar leyes a los 13 años y a los 16 años presentó el examen de doctorado en derecho civil y canónico en la Universidad de Nápoles. A los 19 años ya era un abogado famoso.

Conversión
Según se cuenta, en su profesión como abogado no perdió ningún caso en 8 años, hasta que un día después de su brillante defensa, un documento demostró que él había apoyado (aunque sin saberlo), lo que era falso. Eso cambió su vida radicalmente.

Hizo un retiro en el convento de los lazaristas y se confirmó en la cuaresma de 1722. Estos dos eventos reavivaron su fervor. Al año siguiente, en dos ocasiones oyó una voz que le decía: "abandona el mundo y entrégate a mi". Hizo voto de celibato y abandonó completamente su profesión. Muy pronto Dios le confirmó cual era su voluntad.

Se fue a la iglesia Nuestra Señora de la Misericordia a pedir ser admitido en el oratorio. Su padre trató de impedirlo, pero al verlo tan decidido le dio permiso de hacerse sacerdote pero con la condición de que se fuese a vivir a su casa. Alfonso aceptó, siguiendo el consejo de su director espiritual que era oratoriano.

Hizo los estudios sacerdotales en su casa. Fue ordenado sacerdote en 1726 a los 30 años. Los dos años siguientes se dedicó a los "vagos" de los barrios de las afueras de Nápoles.

La prédica sencilla desde el corazón

En los comienzos del siglo XVIII combatió la prédica muy florida y el rigorismo jansenista en los confesionarios. El predicaba con sencillez. El santo decía a sus misioneros: "Emplead un estilo sencillo, pero trabajad a fondo vuestros sermones. Un sermón sin lógica resulta disperso y falto de gusto. Un sermón pomposo no llega a la masa. Por mi parte, puedo deciros que jamás he predicado un sermón que no pudiese entender la mujer más sencilla".

San Alfonso abandonó su casa paterna en 1729, a los 33 años de edad y se fue de capellán a un seminario donde se preparaban misioneros para la China.

En 1730 el Obispo de Castellamare, el Monseñor Falcoia, invita a Alfonso a predicar unos ejercicios en un convento religioso en Scala. Este hecho tuvo grandes consecuencias, porque ayudó a discernir a las religiosas una revelación que tuvo la hermana María Celeste. El día de la transfiguración de 1731, las religiosas vistieron el nuevo hábito y empezaron la estricta clausura y vida de penitencia. Así comienza la Congregación de las Redentoristas.

En 1732 se despide de sus padres y vuelve a Scala, y con la ayuda y colaboración de un grupo de laicos, a los 36 años funda la Congregación del Santísimo Redentor, cuya primera casa perteneció al convento de las religiosas. San Alfonso era el superior inmediato y Monseñor Falcoia era el director general.

Grandes pruebas
Al poco tiempo comenzaron los problemas. La congregación
se dividió entre los dos superiores. Al poco tiempo la hermana María Celeste se va a fundar otra congregación. A los 5 meses el santo se quedó solo con un hermano, pero mas tarde se presentaron nuevos candidatos y se estableció en una casa más grande.

En 1734 funda otra casa en Villa degli Schiavi y se dedica a misionar allí. Su confesionario estaba siempre lleno. Trataba a sus penitentes como almas que era necesario salvar.

En 1737, se divulgan rumores sobre la casa de Villa degli Schiavi y San Alfonso decide suprimir esa fundación. Al año siguiente también cierra la casa de Scala.

Organizó misiones en Nápoles por 2 años a pedido del Cardenal Spinelli, arzobispo.

En 1743, al morir Mons. Falcoia, San Alfonso vuelve a ocuparse de su congregación como superior general y se encarga de redactar las constituciones. A pesar de la oposición de las autoridades españolas, los misioneros reorganizados fundan varias casas.

En 1748 San Alfonso publica en Nápoles la primera edición de su "Teología Moral". La segunda edición apareció entre los años 1753 y 1755.

En 1749 el papa Benedicto XIV aprobó la congregación y a partir de eso, el éxito fue enorme.

En 1750, los Jansenistas comienzan a divulgar que la devoción a la Santísima Virgen era una superstición. San Alfonso defiende a Nuestra Señora, publicando "Las Glorias de María".

San Alfonso era estricto, pero a la vez tierno y compasivo.
En el proceso de beatificación el P. Cajone dijo: "A mi modo de ver, su virtud característica era la pureza de intención. Trabajaba siempre y en todo, por Dios, olvidado de si mismo. En cierta ocasión nos dijo: 'Por la gracia de Dios, jamás he tenido que confesarme de haber obrado por pasión. Tal vez sea porque no soy capaz de ver a fondo en mi conciencia, pero, en todo caso, nunca me he descubierto ese pecado con claridad suficiente para tener que confesarlo' ". Esto es realmente admirable, teniendo en cuenta que San Alfonso era un Napolitano de temperamento apasionado y violento, que podía haber sido presa fácil de la ira, el orgullo y de la precipitación.

Obispo
A los 60 años fue elegido obispo de Sant' Agata de' Goti,


diócesis pequeña con 30,000 habitantes, diecisiete casas religiosas y cuatrocientos sacerdotes entre los cuales habían varios que no practicaban su ministerio sacerdotal o llevaban mala vida. Algunos celebraban la misa en 15 minutos. San Alfonso los suspendió "ipso facto", a no ser que se corrigiesen, y escribió un tratado sobre ese punto: "En el altar el sacerdote representa a Jesucristo, como dice San Cipriano. Pero muchos sacerdotes actuales, al celebrar la misa, parecen más bien saltimbanquis que se ganan la vida en la plaza pública. Lo más lamentable es que aun los religiosos de ordenes reformadas, celebran la misa con tal prisa y mutilando tanto los ritos, que los mismos paganos quedarían escandalizados….Ver celebrar así el Santo Sacrificio es para perder la fe".

Poco tiempo después se desata en su diócesis una terrible epidemia que San Alfonso había profetizado 2 años antes. Se morían por millares. El santo, para ayudar a las víctimas, vendió todo lo que tenía y La Santa Sede le autoriza a usar fondos de la diócesis y contrae grandes deudas.

Sus esfuerzos por reformar la moralidad pública le trajo numerosos enemigos que lo amenazaron de muerte. Solía decir: "Cada obispo está obligado a velar por su propia diócesis. Cuando los que infringen la ley se vean en desgracia, arrojados de todas partes, sin techo y sin medios de subsistencia, entraran en razón y abandonaran su vida de pecado".

Dirigió la diócesis de Santa Ágata por 19 años.

Y más pruebas...
En Junio de 1767, sufre un terrible ataque de reumatismo que casi lo lleva a la muerte.

Al terminar de celebrar la misa el 21 de septiembre de 1774, San Alfonso se desmayó y quedó inconsciente por 24 horas. Cuando regresó en sí, dijo a los presentes: "Fui a asistir al Papa, que acaba de morir". El Papa Clemente XIV muere el 22 de Septiembre de 1774.

En 1775 San Alfonso pidió a Pío VI que le permitiera renunciar al gobierno de su sede. El Papa le concede teniendo en cuenta su enfermedad. San Alfonso se retiró ciego y sordo. Fue a pedir hospitalidad a sus hijos espirituales, en Nocera, cerca de Nápoles, pensando así acabar tranquilamente sus días.

En 1777, los Redentoristas son atacados de nuevo. El Santo sufre con paciencia muchas humillaciones a causa de la traición de Monseñor Testa que era Capellán del Rey. El Santo se vio excluido de la congregación que había fundado.

Dios le reservaba una prueba aún más dura. Entre 1784 y 1785, el santo atraviesa por un terrible periodo de "noche obscura del alma", sufre tentaciones sobre su fe y sus virtudes. Se ve abrumado por sus escrúpulos, temores y alucinaciones diabólicas. Le duró 18 meses, con intervalos de luz y reposo. A esto le siguió un periodo de éxtasis, profecías y milagros.

Gran escritor
Sus últimos 12 años de vida se dedicó a escribir,
aumentando así sus obras ascéticas y teológicas. Sus mas conocidos libros son: La Practica de amar a Jesucristo, la Preparación para la muerte, las Glorias de María.


La Teología Moralis fue una obra que influyó en la formación del clero hasta hace pocos años.

El santo murió 2 meses antes de cumplir 91 años, la noche del 31 de julio al 1 de agosto de 1787.

El Papa Pío VI en 1796 decreta la introducción de la causa de beatificación de Alfonso María Ligorio.  La beatificación se da en 1816

Fue canonizado en 1839.
En 1871 fue declarado Doctor de la Iglesia y propuesto como patrono de los confesores y de los teólogos de moral.



domingo, 29 de noviembre de 2020

Natividad de la bienaventurada Virgen María

 



Natividad de la bienaventurada Virgen María

 

Fecha: 8 de septiembre
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI

 

Elogio: Fiesta de la Natividad de la Bienaventurada Virgen María, de la estirpe de Abrahán, nacida de la tribu de Judá y de la progenie del rey David, de la cual nació el Hijo de Dios, hecho hombre por obra del Espíritu Santo, para liberar a la humanidad de la antigua servidumbre del pecado.

 

Oración: Concede, Señor, a tus hijos el don de tu gracia, para que cuantos hemos recibido las primicias de la salvación por la maternidad de la Virgen María, consigamos aumento de paz en la fiesta de su nacimiento. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén (oración litúrgica).



Como el nacimiento de la Santísima Virgen María es el anuncio jubiloso de que se aproxima la hora de la salvación, la Iglesia celebra esa festividad con alabanzas y acciones de gracias. Aquel nacimiento fue un misterio de bienaventuranzas, señalado con privilegios únicos. María vino al mundo distinta de todos los otros hijos de Adán: no estaba desprovista de gracia santificante y no tenía inclinación al pecado, sino que era pura, santa, hermosa, gloriosa, adornada con todas las gracias más preciosas y convenientes para ella, la elegida para ser Madre de Dios. Tan pronto como el hombre y la mujer cayeron en el pecado, tentados por Satanás, y fueron expulsados del Paraíso, el mismo Dios les prometió el advenimiento de otra mujer cuya descendencia aplastaría la cabeza de la serpiente (Gn 3,15). Al nacer la Virgen María, comenzó a cumplirse la promesa.

Con el propósito de aprender las lecciones que nos da la vida de la Virgen María, de alabar a Dios por las gracias que le concedió y por las bendiciones que, por ella, derramó sobre el mundo, así como para encomendar nuestras necesidades a una abogada tan poderosa, celebramos con la Iglesia fiestas en su honor. Esta fiesta de su natividad se celebró por primera vez en el Oriente. Sabemos con certeza que fue el papa san Sergio (687-701 P.C.) quien la introdujo en el Occidente, al establecer que se celebrasen en Roma cuatro fiestas en honor de Nuestra Señora: la Anunciación, la Asunción, la Natividad y la «Hypapante» (en la actualidad: Presentación del Señor, que incluye la purificación de la Virgen después del parto). Es muy probable que en algunas otras partes del Occidente, la Natividad de María se haya conmemorado desde antes. Por lo menos, está claramente anotada en el calendario de san Willibrordo (c. 704), así como en el Hieronyrnianum (c. 600), lo que sugiere una mayor antigüedad. El hecho de que se conmemorase la fiesta del nacimiento de san Juan Bautista en los tiempos de San Agustín, probablemente por el año de 401, respalda este punto de vista. Es indudable que cuando las gentes se enteraron de que la decapitación del Bautista y su nacimiento se celebraban por separado, tuvieron la idea de que el nacimiento de la Madre de Dios tendría que ser igualmente celebrado. En consecuencia, a la fiesta de la Asunción se agregó la del Natalicio (cf. las fiestas de la Concepción, de San Juan y de Nuestra Señora).

Se desconoce el lugar donde nació la Virgen María. Una antigua tradición afirma que fue en Nazaret, y así se acepta en Occidente; pero otra tradición señala a Jerusalén, y específicamente el barrio vecino a la Piscina de Betseda. Ahí hay ahora una cripta bajo la iglesia de Santa Ana que se venera como el lugar donde nació la Madre de Dios. Tampoco se sabe la edad que tenía al ser desposada, y por tanto su posible año de nacimiento, pero un tradición proveniente del apócrifo de Santiago (c. VIII) afirma que fue a la edad de 12 años, lo que era habitual en el Israel de la época. Si esto fuera así, habría nacido hacia el año 20-18 aC... pero téngase presente que el apócrifo de Santiago no es precisamente una fuente histórica muy confiable, aunque la tradición devocional tanto le debe.

Imagen: Natividad de la Virgen, de Pietro Cavallini, mosaico de 1291 en Santa Maria in Trastevere, Roma.

 

Estas biografías de santo son propiedad de El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una fuente, esta ha sido tratada sólo como fuente, es decir que el sitio no copia completa y servilmente nada, sino que siempre se corrige y adapta. Por favor, al citar esta hagiografía, referirla con el nombre del sitio (El Testigo Fiel) y el siguiente enlace:   https://www.eltestigofiel.org/index.php?idu=sn_3235


San Marcos, evangelista

 




San Marcos, evangelista


Fecha: 25 de abril
†: s. I
Canonización: bíblico
Hagiografía: Abel Della Costa


Elogio: Fiesta de san Marcos, evangelista, que primero acompañó en Jerusalén a san Pablo en su apostolado, y después siguió los pasos de san Pedro, quien lo llamó su hijo. Es tradición que en Roma recogió en su Evangelio la catequesis de Pedro a los romanos y que fue él quien instituyó la Iglesia de Alejandría, en el actual Egipto.

Patronazgos: patrono de Venecia, de los trabajadores de la construcción, albañiles, vidrieros, cesteros, de los notarios y escribas; protector contra las tormentas, rayos, granizo, picor, dolor y muerte súbita, para pedir por el buen tiempo y la buena cosecha.

Tradiciones, refranes, devociones: Por San Marcos, agua en los charcos.
San Marcos llena los charcos, Santa Rosa los rebosa y Santa Lucía los vacía.
Si quieres sandias para Santiago siémbralas para San Marcos. (25 julio y 25 abril)
Por San Marcos el garbanzal, ni nacido ni por sembrar.
Pascua alta Pascua baxa, el ivierno hasta Pascua, pero que nadie vienda la yerba hasta que San Marcos pasa (asturiano)


Refieren a este santo: San Simeón


Oración: Señor, Dios nuestro, que enalteciste a tu evangelista san Marcos con el ministerio de la predicación evangélica, concédenos aprovechar de tal modo sus enseñanzas que sigamos siempre fielmente las huellas de Cristo. Que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén (oración litúrgica).

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La autoría de los textos antiguos, y en especial de los textos bíblicos, se rige por una comprensión de las cosas tan distinta a la nuestra moderna, que es realmente difícil meterse en ese mundo mental. Simplificando un poco, podría decirse que son obras donde la comunidad está más presente en el proceso que lo que nosotros entendemos que debe serlo en la práctica literaria actual. En particular, a los Evangelios casi no deberíamos ponerles un nombre de autor individual, porque son libros esencialmente «de» la Iglesia, en todos los sentidos que podamos darle a ese «de»: la Iglesia, con sus recuerdos colectivos e individuales de Jesús, con su vivencia de la fe, con sus celebraciones y oración, está en el inicio del proceso de escritura; está en medio en la circulación que los textos parciales van teniendo por las distintas comunidades, lo que hace que luego esos fragmentos se combinen de distintas maneras; y está al final del proceso recibiendo la obra y aceptándola (libros canónicos) o rechazándola (apócrifos) como expresión adecuada de su fe.
Sin embargo, ya desde comienzos del siglo II se recogían tradiciones provenientes del siglo I que llamaban a tal escrito «de Marcos», o «de Lucas», o «de Pablo», etc. Si aceptamos esa mayor flexibilidad de la noción de «autor» que permite, por ejemplo, que una obra haya recibido sucesivas redacciones dentro de la misma Iglesia, es útil remitir a esos nombres, que expresan más bien modos de entender la tradición concreta -con sus características personales y sus límites y grandezas humanas- que está tras cada texto de la Iglesia. Así, conocemos el nombre de Marcos como autor del evangelio por Papías de Hierápolis, quien dice haber recibido esa tradición directamente de labios de Juan el Presbítero, un personaje apostólico, autor de dos cartas del NT y que a veces, por homonimia, se lo identifica con Juan apóstol. De este testimonio de Papías, escueto pero interesante como veremos, surgen todos los demás, posteriores. Dice Papías, citado por Eusebio de Cesárea en su Historia Eclesiástica:
«y el Presbítero decía lo siguiente: Marcos, que fue intérprete de Pedro, escribió con exactitud todo lo que recordaba, pero no en orden de lo que el Señor dijo e hizo. Porque él no oyó ni siguió personalmente al Señor, sino, como dije, después a Pedro. Éste llevaba a cabo sus enseñanzas de acuerdo con las necesidades, pero no como quien va ordenando las palabras del Señor, más de modo que Marcos no se equivocó en absoluto cuando escribía ciertas cosas como las tenía en su memoria. Porque todo su empeño lo puso en no olvidar nada de lo que escuchó y en no escribir nada falso» (Papías, citado por Eusebio, Hist. Ecl. III, 39).
También Eusebio nos trae otro testimonio de la autoría de Marcos; en realidad no se trata de un testimonio independiente, sino de una reelaboración de la cita de Papías hecha por el propio Eusebio, pero que muestra muy bien esta implicación de la comunidad creyente en la autoría, tal como señalé más arriba:
«la luz de la religión de Pedro resplandeció de tal modo en la mente de sus oyentes, que no se contentaban con escucharle una sola vez, ni con la enseñanza oral de la predicación divina, sino que suplicaban de todas maneras posibles a Marcos (quien se cree que escribió el Evangelio y era compañero de Pedro), e insistían para que por escrito les dejara un recuerdo de la enseñanza que habían recibido de palabra, y no le dejaron tranquilo hasta que hubo terminado; por ello vinieron a ser los responsables del texto llamado 'Evangelio según Marcos'.» (Hist. Ecl. II,15)
Eusebio está hablando en ese contexto de la comunidad de Roma, y efectivamente todos los indicios apuntan a que el Evangelio de Marcos está vinculado a la comunidad judeocristiana de Roma, con una muy escasa vinculación con las tradiciones más palestinenses, que nosotros identificamos con exclusividad con el judaísmo: Marcos trata de escribir de manera «universal», resaltando que el mensaje de Jesús no es sólo para judíos: acude a poco trasfondo rabínico (aunque tampoco es cierto que no haya ninguno, como se ha llegado a afirmar), traduce las expresiones arameas para que sean comprensibles por su público, e incluso todo su evangelio gira en torno a dos confesiones de fe: la de un judío, Pedro, en 8,29 («tú eres el Cristo»), y la de un pagano, el centurión, en 15,39 («Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios»).
Fue el de Marcos por muchos siglos un evangelio «ninguneado»; incluso ocupa un segundo lugar en orden, cuando debería ser el primero, ya que es con toda seguridad anterior a Mateo; hasta la reforma litúrgica del Concilio Vaticano II, casi no se leía en la liturgia. La razón es que las ideas armonizadoras del siglo II, que querían mostrar entre otras cosas que no había sino un Evangelio tras los cuatro evangelios, trataron a Marcos como un mero resumen de Mateo, como si se hubiera limitado a extraer partes de Mateo y ponerlas, como dice Papías, sin ningún orden... Lo cierto es que el Evangelio de Marcos es una obra original y preciosa. Es verdad que prácticamente no tiene material exclusivo de él, sino que todo lo que está en Marcos está también o en Mateo, o en Lucas, o en los dos, pero tiene una comprensión propia de Jesús, y tiene un modo propio de organizar el material, de gran profundidad catequética. De un catequista no diríamos que es bueno porque dice de Jesús cosas que los demás no dicen, sino porque las dice de modo que a través de sus palabras su público llega verdaderamente a la realidad de Jesús; y eso es Marcos: un gran catequista, lleno de relatos muy vivaces, con imágenes inmediatas, que hablan al corazón.

Todo parece indicar que su evangelio fue escrito hacia el año 65; posiblemente ha sufrido algunas reelaboraciones (cosa que, por lo demás, es común a todos los escritos bíblicos), en particular en el final, que muestra las huellas de un proceso editorial complejo. El profesor O'Callaghan descubrió, hace varias décadas, un fragmento de papiro en el Mar Muerto (el 7Q5) de 3 X 2 cm aprox., que parece corresponder a Marcos 6,52-53. Es muy difícil entender qué hace un fragmento del Nuevo Testamento, en una fecha tan temprana, en una comunidad judía como la de los esenios del Mar Muerto, pero si la identificación, y sobre todo la datación hacia el año 55, son correctas, confirmaría lo que en general sabemos de los escritos bíblicos: que son el resultado no de un acto puntual de escritura, sino de un largo proceso de elaboración, donde lo original no está en la creación desde cero, sino en haber sabido «concentrar» narrativamente tradiciones muchas veces provenientes de lugares dispares.
Nada más se sabe sobre Marcos. Desde la antigüedad se lo identifica con el Marcos que menciona 1 Pedro 5:13 «Os saluda la [iglesia] que está en Babilonia [es decir: Roma], elegida como vosotros, así como mi hijo Marcos»; también con el Juan Marcos, primo de Bernabé y compañero de Pablo que se menciona en Colosenses 4, Hechos 12, Hechos 15, etc. Identificaciones todas posiblemente ciertas, aunque no nos agregan un mayor conocimiento sobre el personaje que lo que podemos imaginar a la vista de su principal aportación a la vida de la Iglesia: la redacción del evangelio que lleva su nombre. En Marcos 14,50-52, en el contexto del prendimiento de Jesús, se dice que « ...abandonándole huyeron todos. Un joven le seguía cubierto sólo de un lienzo; y le detienen. Pero él, dejando el lienzo, escapó desnudo.» Es el único versículo del Evangelio que es propio de Marcos y no se encuentra en los otros dos sinópticos; en época moderna se ha querido identificar al joven que huye con el propio Marcos, pero hay que decir que esa fantasía carece de toda base y de cualquier relación con una necesidad literaria interna al texto.
Una tradición que se remonta a Ireneo de Lyon hace de Marcos el evangelizador de Alejandría de Egipto. Eusebio se hace eco de ella (Hist. Ecl. II,16), y la tradición posterior lo ha afirmado con tal certeza, que incluso en el día de hoy, 25 de abril, en el Martirologio celebramos también a san Aniano de Alejandría, de quien el propio Eusebio señala que fue el primer sucesor de Marcos en esa sede egipcia. Pero no hay más base para afirmar esa presencia de Marcos en Alejandría que esas imprecisas tradiciones, difíciles de compaginar con su papel al lado de Pedro en Roma.
Las reliquias del santo están indisolublemente ligadas a la vida de Venecia, ciudad de la que es patrono, y en cuya catedral descansan los restos, traídos a Occidente por mercaderes venecianos en el 828, desde Alejandría, donde supuestamente reposaban. En el 832 se comenzó la construcción de la imponente catedral de Venecia, varias veces reformada, pero donde el símbolo del león alado, propio de san Marcos -siguiendo la tradición apocalíptica de identificar a cada evangelista con un «viviente», Ap 4,7- resultó con el tiempo símbolo de la propia y espléndida ciudad.
Bibliografía: además de la Historia Eclesiástica del propio Eusebio, nuestro testimonio más directo en este tema y que siempre es un placer visitar, puede leerse sobre Marcos en cualquier introducción actual al Evangelio, como puede ser el «Comentario Bíblico San Jerónimo», tomo III, o el Cuaderno bíblico Verbo Divino nº 15, o incluso el prólogo al evangelio de cualquier edición actual de la Biblia (Jerusalén, Peregrino, etc.), por mencionar sólo obras fáciles de hallar; en todas ellas se encontrará, mejor o peor dicho, aproximadamente los señalado aquí. Quien desee introducirse en la cuestión de la estructura y teología de este evangelio, puede ayudarse con mi escrito «El prólogo del Evangelio según San Marcos», en las Publicaciones de ETF. Un relato más completo -y como siempre muy documentado- sobre el traslado de las reliquias puede leerse en el artículo de Antonio Borrelli en Santi e Beati.

Imágenes: panel derecho de «Los cuatro santos varones» de Albrecht Dürer, óleo sobre madera de 1526 (2,15 X 0,76 m), que muestra a san Pablo en primer plano, y a san Marcos mirándole. La siguiente imagen es una Iluminación sobre pergamino, de un evangelario de 1150-1200, realizado por un miniaturista flamenco anónimo, que se encuentra en la actualidad en la Koninklijke Bibliotheek de La Haya; Marcos es habitualmente reconocible por el león.

Estas biografías de santo son propiedad de El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una fuente, esta ha sido tratada sólo como fuente, es decir que el sitio no copia completa y servilmente nada, sino que siempre se corrige y adapta. Por favor, al citar esta hagiografía, referirla con el nombre del sitio (El Testigo Fiel) y el siguiente enlace: https://www.eltestigofiel.org/index.php?idu=sn_1362