jueves, 4 de marzo de 2021

San Dámaso I, papa





     San Dámaso I, papa



Fecha: 11 de diciembre
n.: c. 305 - †: 384 - país: Italia

Canonización: pre-congregación

Hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI


Elogio: San Dámaso I, papa, que en los difíciles tiempos en que vivió, reunió muchos sínodos para defender la fe de Nicea contra cismas y herejías, procuró que san Jerónimo tradujera al latín los libros sagrados y veneró piadosamente los sepulcros de los mártires, adornándolos con inscripciones.

Patronazgos: protector contra la fiebre.



Oración: Concédenos la gracia, Señor, de glorificarte siempre por el triunfo de tus mártires, a quienes profesó devoción entrañable el papa san Dámaso primero. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén (oración litúrgica).



El «Liber Pontificalis» afirma que san Dámaso  
era español. Tal vez era de origen español, pero, según parece, nació en Roma, donde su padre era sacerdote. San Dámaso, que no se casó nunca, llegó a ser diácono de la iglesia de su padre. Cuando murió el papa Liberio en el 366, Dámaso fue elegido obispo de Roma, a los sesenta años de edad, aproximadamente. Su elección estuvo lejos de ser unánime, ya que una minoría eligió a otro diácono llamado Ursino o Ursicinio y defendió su candidatura con gran vehemencia. Según parece, el poder civil sostuvo a Dámaso con no menor apasionamiento (Butler afirma que empleó «procedimientos bárbaros»); pero Rufino, contemporáneo de san Dámaso, demuestra que éste no tuvo nada que ver en ello. Los partidarios del antipapa no se calmaron del todo; en efecto, el año 378, san Dámaso fue acusado por ellos de incontinencia y tuvo que justificarse ante el emperador Graciano y ante un sínodo romano.

El historiador pagano Amiano Marcelino afirma que el modo de vida de los prelados romanos constituía una tentación para los ambiciosos y dice que hubiesen hecho bien en imitar la sencillez del clero de las provincias. Es indudable que, en tiempos de san Dámaso se procedía con cierta pompa en la corte pontificia, pues, según cuenta san Jerónimo, un pagano llamado Pretextato, que era senador romano, dijo al santo: «Si me haces obispo de Roma, me convertiré mañana mismo al cristianismo». Esta observación de un pagano prueba cuán necesaria es la moderación a quienes desean dar testimonio del espíritu evangélico. Como quiera que sea, esta crítica no se aplica a san Dámaso, ya que san Jerónimo, que fue su secretario y le conocía bien, ataca severamente el lujo de ciertos prelados en Roma y no habría dejado de mencionar al papa si le hubiese creído culpable de la misma falta. Lo cierto es que las críticas de san Jerónimo eran tan justificadas que, el año 370, Valentiniano prohibió a los miembros del clero que indujesen a las viudas y huérfanos a que les hiciesen regalos o les dejasen legados. San Dámaso aplicó estrictamente ese decreto.
El santo Pontífice tuvo que combatir varias herejías. Pero el año 380. Teodosio I en el Oriente y Graciano en el Occidente proclamaron que el cristianismo, tal como lo practicaban los obispos de Roma y Alejandría, era la religión del Imperio. Además, Graciano, atendiendo a la petición de los senadores cristianos apoyados por san Dámaso, suprimió el altar de la Victoria en el senado y renunció al título de Pontífice Máximo. Al año siguiente, se reunió el segundo Concilio Ecuménico (primero de Constantinopla) y el papa envió representantes. Pero de todos los actos de san Dámaso, el más benéfico y cuya influencia se deja sentir todavía en nuestros días, fue el haber patrocinado los estudios bíblicos de san Jerónimo, que culminaron con la traducción conocida con el nombre de «Vulgata». San Jerónimo cuenta que san Dámaso era versado en las Escrituras, «un doctor virgen de una Iglesia virgen».
Teodoreto dice que «fue ilustre por la santidad
de su vida y estaba siempre pronto a predicar y a hacer cualquier cosa en defensa de la doctrina apostólica». También se recuerda a san Dámaso por su solicitud hacia las reliquias y sepulcros de los mártires. A él se debieron el descubrimiento y el ornato de varias catacumbas, y tanto el cristiano piadoso como el historiador y el arqueólogo le admiran por las inscripciones que mandó poner en ellas. Se conservan muchas de esas inscripciones y epigramas, ya sea en el original, ya sea en reproducciones. Una de las más famosas es la que nos dice cuanto sabemos sobre san Tarsicio. San Dámaso murió el 11 de diciembre de 384, cuando contaba unos ochenta años. Él mismo había mandado poner en la «cripta pontificia» del cementerio de San Calixto un epitafio genérico, que termina así: «Yo, Dámaso, hubiese querido ser sepultado aquí; pero tuve miedo de ofender a las cenizas de los santos». Así pues, fue sepultado, junto con su madre y su hermana, en una iglesia que él mismo había construido en la Vía Ardeatina. Uno de los epitafios que se conservan, es precisamente el que san Dámaso escribió para su propia tumba; en él hace un acto de fe en la resurrección de Cristo y en la suya propia: «El que anduvo sobre las aguas y calmó la tempestad, el que da vida a las semillas de la tierra, el que rompió las cadenas de la muerte y, al cabo de tres días de oscuridad, fue capaz de hacer volver al mundo superior al hermano de Marta: El mismo hará que Dámaso resucite del polvo».


No hay ninguna biografía propiamente dicha de san Dámaso entre las obras antiguas; lo más digno de mención es el artículo del Liber Pontificalis (véase la edición de Duchesne, vol. I, pp. 212 ss., prefacio y notas). La principal fuente sobre el santo es su correspondencia, así como los epitafios que compuso y las escasas alusiones a él que se encuentran en las obras de historia eclesiástica y secular. El prólogo del Libellus Precum (Migne, PL., vol. XIII, cc. 83-107) es una maliciosa sátira compuesta por los enemigos de san Dámaso. La edición más conocida de los epitafios es la de Ihm (1895) ; pero véase también E. Scháfer, Die Bedeutung der Epigramme des Papstes Damasus für die Geschichte der Heiligenverehrung (1932). Entre las contribuciones más importantes al estudio de san Dámaso, hay que mencionar las obras de M. Rade, Damasus Bicshof von Rom (1882); J. Wittin, Papst Damaus I (1912); 0. Marucchi, Il Pontificato del Papa Damauo (1905). En Comentario sobre el Martirologium Hieronymianum (pp. 643-644) hay referencias muy útiles, particularmente por lo que toca al sitio de la sepultura de este Pontífice. Existe una excelente edición de los epigramas, hecha por el P. Antonio Ferrua, titulada Epigrammata Damasiana (1942). Otra narración de la vida del santo, con especial énfasis en la obra y amplísima bibliografía más actualizada se puede encontrar en Patrología, Di Berardino, 1981, BAC, tomo III, pág. 323-329. Más enfocado hacia la consolidación del poder papal, «Los Papas, de San Pedro a Juan Pablo II», de Jean Mathieu-Rosay, Rialp, Madrid, 1990, pp 67-68. Puede leerse del Can. Casimiro Sánchez Aliseda una biografía del santo con especial atención a su aspecto de poeta.

Estas biografías de santo son propiedad de El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una fuente, esta ha sido tratada sólo como fuente, es decir que el sitio no copia completa y servilmente nada, sino que siempre se corrige y adapta. Por favor, al citar esta hagiografía, referirla con el nombre del sitio (El Testigo Fiel) y el siguiente enlace: https://www.eltestigofiel.org/index.php?idu=sn_4473

San Casimiro, laico

 


San Casimiro, laico


Fecha: 4 de marzo
n.: 1458 - †: 1484 - país: Bielorusia

Otras formas del nombre: Casimiro de Polonia
Canonización: C: León X 1521

Hagiografía: Catholic Encyclopedia


Elogio: San Casimiro, hijo del rey de Polonia, que, siendo príncipe, destacó por el celo en la fe, por la castidad y la penitencia, la benignidad hacia los pobres y la devota veneración a la Eucaristía y a la Bienaventurada Virgen María, y, aún joven, consumido por la tuberculosis, descansó piadosamente en la ciudad de Grodno, cerca de Vilna, en Lituania.

Patronazgos: patrono de Polonia y Lituania, de la juventud, y como protector contra la peste, y para pedir protección contra los enemigos de la religión o de la patria.


Oración: Dios todopoderoso, sabemos que servirte es reinar; por eso te pedimos nos concedas, por intercesión de san Casimiro, vivir sometidos a tu voluntad en santidad y justicia. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén (oración litúrgica).


    Príncipe de Polonia, nacido en el palacio real de Cracovia el 3 de Octubre de 1458, muerto en la corte de Grodno el 4 de Marzo de 1484. Fue nieto de Ladislao II Jagellón, rey de Polonia, que introdujo el Cristianismo en Lituania, y el segundo hijo del rey Casimiro IV y la reina Isabel, una princesa austriaca, hija de Alberto II, emperador de Alemania y rey de Bohemia y Hungría. Toda su familia -hermanos, tíos, etc- representaba la realeza católica más influyente del momento.

La formación inicial del joven príncipes fue confiada al Padre Dlugosz, historiador polaco, canónigo de Cracovia y más tarde arzobispo de Lwów (Lviv), y a Filippo Buonaccorsi, llamado Calímaco. El Padre Dlugosz era un hombre profundamente religioso, un leal patriota, y como Calímaco, muy versado en el arte de gobernar. Casimiro fue confiado al cuidado de este erudito a la edad de nueve años, y ya entonces destacaba por su ardiente piedad. Cuando Casimiro tenía trece años se le ofreció el trono de Hungría por una facción húngara que estaba descontenta del rey Matías Corvino. Ansioso de defender la Cruz contra los turcos, aceptó el llamamiento y fue a Hungría a recibir la corona. No tuvo éxito, sin embargo, y volvió fugitivo a Polonia. El joven príncipe volvió a ser de nuevo alumno del Padre Dlugosz, con el que permaneció hasta 1475.

Más tarde fue asociado al trono por su padre, quien le inició tan bien en los asuntos públicos, que después de que su hermano mayor, Ladislao, ascendió al trono de Bohemia, Casimiro se convirtió en heredero del trono de Polonia. Cuando en 1479 el rey se fue a Lituania a pasar cinco años arreglando los asuntos de allí, Casimiro se encargó de Polonia, y desde 1481 a 1483 administró el Estado con gran prudencia y justicia. Por esta época su padre intentó concertar su matrimonio con la hija de Federico III, emperador de Alemania, pero Casimiro prefirió seguir soltero. Poco después cayó víctima de una grave afección pulmonar, que, débil como estaba por los ayunos y mortificaciones, no pudo soportar. Murió en la corte de Grodno, mientras viajaba a Lituania, el 4 de Marzo de 1484. Sus restos fueron enterrados en la capilla de la Santísima Virgen en la catedral de Vilna.

San Casimiro estaba en posesión de grandes atractivos de personalidad y carácter, y destacó particularmente por su justicia y castidad. De noche a menudo se arrodillaba durante horas ante las puertas cerradas de las iglesias, sin consideración a la hora ni a la inclemencia del tiempo. Tenía especial devoción a la Santísima Virgen, y el himno de San Bernardo de Claraval, "Omni die dic Mariae mea laudes anima" (Cada día mi alma alaba a María), le fue atribuido durante mucho tiempo. Tras su muerte fue venerado como santo, por los milagros que obró. Segismundo I, rey de Polonia pidió al Papa la canonización de Casimiro, y el Papa León X nombró al legado papal Zaccaria Ferreri, obispo de Guardalfiera, al arzobispo de Gniezno, y al obispo de Przemysl para que investigaran la vida y milagros de Casimiro. Esta investigación se terminó en la ciudad polaca de Torun en 1520, y en 1521 Casimiro fue canonizado por León X. El Papa Clemente VIII señaló el 4 de Marzo como su fiesta. San Casimiro es el patrono de Polonia y Lituania, aunque es honrado en lugares tan lejanos como Bélgica y Nápoles. En Polonia y Lituania hay iglesias y capillas que le están dedicadas, como en Rozana y junto al río Dzwina cerca de Potocka, donde se dice que contribuyó milagrosamente a una victoria del ejército polaco sobre los rusos. Al comienzo del Siglo XVII el rey Segismundo III comenzó en Vilna la erección de una capilla en honor de San Casimiro, que se terminó bajo el rey Ladislao IV. El edificio fue diseñado por Peter Danckerts, holandés, que adornó también las paredes con pinturas que ilustran la vida del santo. En esta capilla se encuentra una antigua pintura renovada en 1594, que representa al santo con un lirio en su mano. Se conservan otros dos retratos del santo, uno pintado en vida, por Ferreri, y el otro en la iglesia de Krosno, en Galitzia.

Tomado, con escasos cambios, del artículo de Ladislas Abraham "St. Casimir" (1908) en Catholic Encyclopedia, traducido para la versión castellana de Aciprensa por Francisco Vázquez. Se ha modificado el año y el papa que canonizó a Casimiro, acorde con el dato que parece más correcto de Acta Sanctorum marzo, I pág. 351.


Estas biografías de santo son propiedad de El Testigo Fiel. Incluso cuando figura una fuente, esta ha sido tratada sólo como fuente, es decir que el sitio no copia completa y servilmente nada, sino que siempre se corrige y adapta. Por favor, al citar esta hagiografía, referirla con el nombre del sitio (El Testigo Fiel) y el siguiente enlace: https://www.eltestigofiel.org/index.php?idu=sn_761

miércoles, 3 de marzo de 2021

Biografía de San Judas Tadeo






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Biografía de San Judas Tadeo

Fuente: ACI Prensa

 

   Judas Tadeo aparece último en la lista de los doce Apóstoles de Jesucristo (Mateo 10:3, Marco 3:18). No sabemos cuándo ni cómo entró a formar parte de los discípulos.  Lucas le llama "Judas de Santiago" (Hechos 1:13). Juan aclara: "Judas, no el Iscariote" (Juan 14:22).  Esta distinción es necesaria dado a que el Judas Iscariote fue quien traicionó a Jesús.


"Judas" es una palabra hebrea que significa: "alabanzas sean dadas a Dios".  Tadeo quiere decir: "valiente para proclamar su fe"


El Apóstol Judas Tadeo, "el hermano de Santiago", era probablemente el hermano de Santiago el Menor, se lo menciona así por la notoriedad de Santiago en la Iglesia primitiva "¿No es éste -se preguntan maravillados los habitantes de Nazaret, ante la fama que acompaña a Jesús- el carpintero… el hermano de Santiago y de Judas?".


Después de la Ultima Cena, cuando Cristo prometió que se manifestaría a quienes le escuchasen, Judas le preguntó por qué no se manifestaba a todos. Cristo le contestó que El y su Padre visitarían a todos los que le amasen: "Vendremos a él y haremos en él nuestra morada" (Juan, 14, 22-23). No sabemos nada de la vida de San Judas Tadeo después de la Ascensión del Señor y la venida del Espíritu Santo.


Se atribuye a San Judas una de las epístolas canónicas, que tiene muchos rasgos comunes con la segunda epístola de San Pedro. No está dirigida a ninguna persona ni iglesia particular y exhorta a los cristianos a "luchar valientemente por la fe que ha sido dada a los santos. Porque algunos en el secreto de su corazón son… hombres impíos, que convierten la gracia de nuestro Señor Dios en ocasión de riña y niegan al único soberano regulador, nuestro Señor Jesucristo". Es una severa amonestación contra los falsos maestros y una invitación a conservar la pureza de la fe. Termina su carta con esta bella oración: "Sea gloria eterna a Nuestro Señor Jesucristo, que es capaz de conservarnos libres de pecados, y sin mancha en el alma y con gran alegría".


San Judas Tadeo es uno de los santos más populares a causa de los numerosos favores celestiales que consigue a sus devotos que le rezan con fe, especialmente en cuanto a conseguir empleo o casa. San Brígida cuenta en sus Revelaciones que Nuestro Señor le recomendó que cuando deseara conseguir ciertos favores los pidiera por medio de San Judas Tadeo.


Con frecuencia se ha confundido a San Judas Tadeo con el San Tadeo de la leyenda de Abgar y se ha dicho que murió apaciblemente en Beirut de Edessa. Según la tradición occidental, tal como aparece en la liturgia romana, se reunió en Mesopotamia con San Simón y que ambos predicaron varios años en Persia y ahí fueron martirizados. Existe un presunto relato del martirio de los dos Apóstoles; pero el texto latino no es ciertamente anterior a la segunda mitad del siglo VI. Dicho documento se ha atribuido a un tal Abdías, de quien se dice que fue discípulo de Simón y Judas y consagrado por ellos primer obispo de Babilonia. Según dice la antigua tradición, a San Simón lo mataron aserrándolo por medio, y a San Judas Tadeo le cortaron la cabeza con un hacha y por eso lo pintan con un hacha en la mano. Por ello, la Iglesia de occidente los celebra juntos, en tanto que la Iglesia de oriente separa sus respectivas fiestas.


Hay varias leyendas sobre San Judas Tadeo propagadas por Eusebio que son poco confiables.


El devoto debe cuidarse de no caer ciertos abusos, como la "novena milagrosa" a Judas Tadeo que ofrece al devoto grandes recompensas económicas con la condición de que se hagan varias copias de ella y sean enviadas a un número de personas.  Esta novena raya en la superstición y está centrada más en interés económico que en la búsqueda de la santidad.